top of page

Sobre la guerra y la política en la historia contemporánea

El historiador y militar prusiano, Carl von Clausewitz afirmaba que “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas por otros medios”. Una infortunada prueba de esto fue el pacto Kellog-Briand, firmado en 1928, donde 65 estados acordaron renunciar a la guerra como instrumento político (entre ellos Japón, quien tres años después invadió Manchuria empezando así la segunda guerra sino japonesa).

 

——Otro suceso clave para fundamentar esta creencia se halla en las teorías de algunos historiadores como Fritz Fischer, acerca de los orígenes de la primera guerra mundial. Pues tras la elección del SPD en 1912 como la agrupación política con más escaños en el reichstag, en 1914 se hizo un voto de no confianza en el canciller Bethmann-Hollweg. Se cree entonces que para suprimir al SPD y alejar la mente del pueblo alemán de los problemas políticos, se vio como una acción favorable el empezar conflictos bélicos con estados como Rusia o Serbia, para así producir patriotismo entre los civiles y dejar el poder en manos del Káiser Guillermo II. Karl Liebknecht, quien perteneció al parlamento alemán durante este periodo, expresó a la perfección esta condición en un documento que explicaba su voto en contra a los créditos de guerra, en este se expresa que la primera guerra mundial “es una guerra imperialista, una guerra por el reparto de importantes territorios de explotación para capitalistas y financieros. Al mismo tiempo la guerra es un esfuerzo bonapartista por desorganizar y escindir el creciente movimiento de la clase trabajadora”.

 

——Entonces, ¿qué es la guerra imperialista? Las pulsiones en el psicoanálisis son definidas como el origen de la actividad mental, siendo estas las que llevan al humano a realizar un tipo de acción determinada, dentro de estas surgen dos grandes fuerzas humanas, tal vez comparadas a lo que para Nietzsche son los orígenes de la creación estética, fundamentadas en lo Apolíneo y lo Dionisiaco; es así que para Freud surgen dos grandes pulsiones, siendo el eros (relacionado a una fuerza creativa y generadora) y el Tánatos (la personificación de la muerte no violenta). Instintivamente como humanos cargamos una propulsión hacía la destrucción, y la guerra, la sistematización de esta violencia es el derecho. Pues en la unión de varios reside la capacidad de argüir o disuadir la violencia de un individuo. De este modo, se vuelve factible que tras la consolidación de los proyectos de estados-nación europeos, periodo que abarcó desde la revolución francesa hasta la guerra franco-prusiana, y la posterior consolidación del capitalismo en su fase superior imperialista, la guerra no fuese un proyecto pacificador, sino de carácter reaccionario. La existencia del imperialismo es inseparable de la existencia de naciones subyugadas o de colonias; la lucha de estos pueblos por su pacificación o validación del derecho propio y no externo es en esencia antiimperialista. El objetivo de la guerra en este sentido no es el de pacificar o salvaguardar los bienes de una sociedad, escondida en conceptos tan tenues como la lucha por la soberanía nacional o la protección de las garantías civiles. Los objetivos reales de las guerras realizadas por las grandes potencias económicas no es sino como alguna vez explicó Lenin: “La lucha por los mercados y por el saqueo de las tierras extranjeras, la avidez por descabezar al movimiento revolucionario del proletariado y pisotear la democracia dentro de cada país, la necesidad de engañar, dividir y aplastar a los proletarios de todos los países, la necesidad de incitar a los esclavos asalariados de una nación contra los de otra en beneficio de la burguesía; ése es el único significado real de la guerra”.

 

——Así la primera guerra mundial tuvo el efecto de un cisma dentro del socialismo, pues a partir de 1914 la mayoría de los partidos de carácter socialista (salvo las alas más radicales) se dedicaron a la defensa de los créditos de guerra y a la protección nacional, olvidando las tesis marxistas de clase. En cierta medida, se regresó a la condición del campesinado francés, descrita por Marx del siguiente modo: “La influencia política de los campesinos parcelarios encuentra su última expresión en el hecho de que el poder ejecutivo someta bajo su mando a la sociedad”. La última expresión de esto fue el ascenso del nacional socialismo. Pues en su esfuerzo belicista y proteccionista, se logra despojar al proletario de su conciencia de clase, y transferir esa pulsión a la protección de la patria, unificando esos esfuerzos en aras de la integración nacional. Así, en la orfandad colectiva, se quitan los intentos de aspiraciones políticas mayores al interés del estado, disolviendo los intentos del internacionalismo obrero. Pues estos no pueden representarse ahora, sino que tienen que ser representados por la figura cuasi mesiánica del líder bonapartista. 

 

——Dentro de las enfermedades consecuentes al inicio del siglo XX (y en su mayoría en Europa occidental) se halla el despojo de la identidad colectiva obrera y el surgimiento del nacional socialismo, gracias al esfuerzo político de la guerra. De este modo, en la faz de las ametralladoras, se halla como excluso benefactor al régimen Burgués.

Leer en PDF

​Número completo

Referencias

  1. Lenin y la guerra imperialista. (s. f.). https://ceip.org.ar/Lenin-y-la-guerra-imperialista

  2. Liebknecht, K. (s. f.). Karl Liebknecht (1914): El voto contra los créditos de guerra. https://www.marxists.org/espanol/liebknecht/1914/diciembre/02.htm

  3. https://plus.google.com/+UNESCO. (2019, 6 julio). ¿Por qué la guerra? Sigmund Freud escribe a Albert Einstein. UNESCO. 

  4. Lowe, N. (2018). Guía ilustrada de la historia moderna.  Fondo de cultura económica. 

  5. Lenin, V. I. (1996). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Editorial del pueblo. 

  6. Marx, K. (2023). Textos de filosofía, política y economía. Gredos. 

Sobre la guerra y la política en la historia contemporánea

IMG_6047-2.jpg

El historiador y militar prusiano, Carl von Clausewitz afirmaba que “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas por otros medios”. Una infortunada prueba de esto fue el pacto Kellog-Briand, firmado en 1928, donde 65 estados acordaron renunciar a la guerra como instrumento político (entre ellos Japón, quien tres años después invadió Manchuria empezando así la segunda guerra sino japonesa).

 

——Otro suceso clave para fundamentar esta creencia se halla en las teorías de algunos historiadores como Fritz Fischer, acerca de los orígenes de la primera guerra mundial. Pues tras la elección del SPD en 1912 como la agrupación política con más escaños en el reichstag, en 1914 se hizo un voto de no confianza en el canciller Bethmann-Hollweg. Se cree entonces que para suprimir al SPD y alejar la mente del pueblo alemán de los problemas políticos, se vio como una acción favorable el empezar conflictos bélicos con estados como Rusia o Serbia, para así producir patriotismo entre los civiles y dejar el poder en manos del Káiser Guillermo II. Karl Liebknecht, quien perteneció al parlamento alemán durante este periodo, expresó a la perfección esta condición en un documento que explicaba su voto en contra a los créditos de guerra, en este se expresa que la primera guerra mundial “es una guerra imperialista, una guerra por el reparto de importantes territorios de explotación para capitalistas y financieros. Al mismo tiempo la guerra es un esfuerzo bonapartista por desorganizar y escindir el creciente movimiento de la clase trabajadora”.

 

——Entonces, ¿qué es la guerra imperialista? Las pulsiones en el psicoanálisis son definidas como el origen de la actividad mental, siendo estas las que llevan al humano a realizar un tipo de acción determinada, dentro de estas surgen dos grandes fuerzas humanas, tal vez comparadas a lo que para Nietzsche son los orígenes de la creación estética, fundamentadas en lo Apolíneo y lo Dionisiaco; es así que para Freud surgen dos grandes pulsiones, siendo el eros (relacionado a una fuerza creativa y generadora) y el Tánatos (la personificación de la muerte no violenta). Instintivamente como humanos cargamos una propulsión hacía la destrucción, y la guerra, la sistematización de esta violencia es el derecho. Pues en la unión de varios reside la capacidad de argüir o disuadir la violencia de un individuo. De este modo, se vuelve factible que tras la consolidación de los proyectos de estados-nación europeos, periodo que abarcó desde la revolución francesa hasta la guerra franco-prusiana, y la posterior consolidación del capitalismo en su fase superior imperialista, la guerra no fuese un proyecto pacificador, sino de carácter reaccionario. La existencia del imperialismo es inseparable de la existencia de naciones subyugadas o de colonias; la lucha de estos pueblos por su pacificación o validación del derecho propio y no externo es en esencia antiimperialista. El objetivo de la guerra en este sentido no es el de pacificar o salvaguardar los bienes de una sociedad, escondida en conceptos tan tenues como la lucha por la soberanía nacional o la protección de las garantías civiles. Los objetivos reales de las guerras realizadas por las grandes potencias económicas no es sino como alguna vez explicó Lenin: “La lucha por los mercados y por el saqueo de las tierras extranjeras, la avidez por descabezar al movimiento revolucionario del proletariado y pisotear la democracia dentro de cada país, la necesidad de engañar, dividir y aplastar a los proletarios de todos los países, la necesidad de incitar a los esclavos asalariados de una nación contra los de otra en beneficio de la burguesía; ése es el único significado real de la guerra”.

 

——Así la primera guerra mundial tuvo el efecto de un cisma dentro del socialismo, pues a partir de 1914 la mayoría de los partidos de carácter socialista (salvo las alas más radicales) se dedicaron a la defensa de los créditos de guerra y a la protección nacional, olvidando las tesis marxistas de clase. En cierta medida, se regresó a la condición del campesinado francés, descrita por Marx del siguiente modo: “La influencia política de los campesinos parcelarios encuentra su última expresión en el hecho de que el poder ejecutivo someta bajo su mando a la sociedad”. La última expresión de esto fue el ascenso del nacional socialismo. Pues en su esfuerzo belicista y proteccionista, se logra despojar al proletario de su conciencia de clase, y transferir esa pulsión a la protección de la patria, unificando esos esfuerzos en aras de la integración nacional. Así, en la orfandad colectiva, se quitan los intentos de aspiraciones políticas mayores al interés del estado, disolviendo los intentos del internacionalismo obrero. Pues estos no pueden representarse ahora, sino que tienen que ser representados por la figura cuasi mesiánica del líder bonapartista. 

 

——Dentro de las enfermedades consecuentes al inicio del siglo XX (y en su mayoría en Europa occidental) se halla el despojo de la identidad colectiva obrera y el surgimiento del nacional socialismo, gracias al esfuerzo político de la guerra. De este modo, en la faz de las ametralladoras, se halla como excluso benefactor al régimen Burgués.

Referencias

  1. Lenin y la guerra imperialista. (s. f.). https://ceip.org.ar/Lenin-y-la-guerra-imperialista

  2. Liebknecht, K. (s. f.). Karl Liebknecht (1914): El voto contra los créditos de guerra. https://www.marxists.org/espanol/liebknecht/1914/diciembre/02.htm

  3. https://plus.google.com/+UNESCO. (2019, 6 julio). ¿Por qué la guerra? Sigmund Freud escribe a Albert Einstein. UNESCO. 

  4. Lowe, N. (2018). Guía ilustrada de la historia moderna.  Fondo de cultura económica. 

  5. Lenin, V. I. (1996). El imperialismo, fase superior del capitalismo. Editorial del pueblo. 

  6. Marx, K. (2023). Textos de filosofía, política y economía. Gredos. 

Créditos de imagen 

Sin título. Francisco Pérez, 2025.​

Cómo citar (APA 7)

Flores Rivera, M. (2026). Sobre la guerra y la política en la historia contemporánea. Revista Baormos, (1), 23-27. 

Leer en PDF

Créditos de imagen

Sin título. Francisco Pérez, 2025.

​Cómo citar (APA 7)

Flores Rivera, M. (2026). Sobre la guerra y la política en la historia contemporánea. Revista Baormos, (1), 23-27. 

Leer en PDF

bottom of page