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El placer está en buscar, no en encontrar

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46 resultados encontrados

  • Canal | Baormos

    Nuestro contenido de divulgación ↗ Nuestra ventana a las ciencias. Disponible en YouTube. Echa un vistazo a los videos Baormos Los temas que nos interesan y son de interés social están presentes en nuestro contenido de divulgación. Videos de ciencia, podcast, entrevistas, radio y nuevas formas audiovisuales. Visita nuestro canal de YouTube. ↗

  • Baormos | Revista académica y cultural

    Baormos es una revista cultural y académica trimestral en México que publica artículos, ensayos, crítica y arte de nuevas voces y pensadores contemporáneos. Lee nuestro primer número ya disponible. Febrero-Mayo 2026. Baormos es nuestra revista de creación, contemporánea y plural. Celebramos las primeras veces. MÁS LEÍDOS Leticia García Sabor a victoria 001.01.26 | Poesía Mateo Flores Rivera Donde la muerte no existe 001.01.26 | Cuento Francisco Pérez Sánchez Pellicer saluda al otoño 001.01.26 | Ensayo Nuestro primer número ya disponible. Agosto-Octubre 2026. Baormos es nuestra revista de creación, contemporánea y plural. Celebramos las primeras veces. MÁS LÉIDOS José Santiago Macías Cabrera La cánida desaparición 001.01.26 Leticia García Sabor a victoria 001.01.26 Francisco Pérez Pellicer saluda al otoño 001.01.26 ¿Cómo mantenemos la calidad editorial?. Lee nuestra normatividad. Conoce la estructura y reglas de dictaminación de Baormos. Sé parte de Baormos. ¡Envíanos tu texto! Convocatoria abierta hasta el 22 de agosto de 2026.

  • Número Uno | Baormos

    Número uno de Baormos, revista cultural y académica trimestral en México: ensayo, artículo, cuento, crónica, poesía y entrevista. Febrero-Mayo de 2026. Número Uno Agosto-Octubre 001.01.26 PDF Dossier POPURRÍ AUDIOVISUALES CRÉDITOS EDITORIAL En estas páginas te proponemos una parranda que comienza un 31 de octubre por las calles de un Seúl donde todo el mundo va vestido con disfraces desternillantes. Antes de que amanezca, Elvira Liceaga te llevará a recorrer el Vive Latino, el festival Coachella y otros templos del rock en un éxtasis musical y colectivo. “¿Qué son esos escalofríos, esa piel de gallina, esa inquietud del cuerpo?”, se pregunta la autora tratando de describir lo que sentimos en los mejores conciertos. Luigi Amara te conducirá en su Cadillac convertible por las fiestas más memorables de la literatura, como las de El gran Gatsby o El maestro y Margarita, pasando por Alicia en el País de las Maravillas, El gatopardo y La señora Dalloway. Antes de que puedas recuperarte, Adrián Román te invitará a bailar por la Ciudad de México en diferentes épocas de la historia. Si lo que te gusta es el (neo)perreo, Mariana Ortiz es tu conecte perfecto. Su texto te hará entrar en un espacio donde la gente tiene aspecto de “artistas porno jugando a desafiarse con la ropa —menos es más— y con el maquillaje —más es mejor–”, una fiesta “hecha para lxs desentendidxs de la cultura pop, para marginadxs y rebeldes, para quienes viven sin miedo a decir que sí”. La brillante Rachele Airoldi te guiará por las callejuelas de Venecia, ataviada con una seductora máscara de papel maché. DOSSIER Camila Samanta Yáñez Pérez Sociología 001.01.26 | Ensayo Mateo Flores Rivera Sobre la guerra y política en la historia contemporánea 001.01.26 | Ensayo Jair Cruz Tenorio Regalar la palabra también 001.01.26 | Ensayo Cecilia Silva Ángel La política exterior mexicana ante el genocidio en Gaza 001.01.26 | Ensayo Instituto de investigación 28 Sobre la neutralidad del artista 001.01.26 | Ensayo Elisa Trejo Cuando el afecto se diluye entre pixeles 001.01.26 | Ensayo Pavel Cabrera Morales Estos sueños soñados despiertos 001.01.26 | Ensayo Leticia García Sabor a victoria 001.01.26 | Poesía Leonardo Eguiza Delgado Anotaciones sobre el Sincretismo 001.01.26 | Ensayo Eric Peralta Neria The Lamb as Effigy y la imposición de una lengua legítima 001.01.26 | Ensayo Dana López Ángeles La Ciénaga 001.01.26 | Poesía Alberto López Ángeles El lenguaje jurídico: la barrera de la justicia en México 001.01.26 | Ensayo Mateo Flores Rivera Donde la muerte no existe 001.01.26 | Cuento Emilio Cruz Cañas Yukio Mishima y James Dean: lo bello debería morir joven 001.01.26 | Ensayo Ramiro Rosales En onda 001.01.26 | Cuento José Santiago Macías Cabrera La cánida desaparición 001.01.26 | Poesía Francisco Pérez Sánchez Pellicer saluda al otoño 001.01.26 | Ensayo POPURRÍ Jimena Lara Los billonarios nos salvarán: Hailmary, ciencia ficción capitalista 001.01.26 | Videoensayo AUDIOVISUAL Julieta Fierro Gossman en nuestra plática número uno. Platicamos de las cosas que surgen de la curiosidad. Pláticas en Baormos ofrecen un espacio donde los invitados e invitadas charlan como si estuvieran tomando un café. Cosas que no se han dicho y que sientan precedentes. Solo en Baormos. Celebramos nuestro número uno publicando de nuestro archivo esta entrevista inédita, agradeciendo el apoyo que la Dra. Julieta Fierro Gossman le dio a Baormos desde su planeación. CRÉDITOS En estas páginas te proponemos una parranda que comienza un 31 de octubre por las calles de un Seúl donde todo el mundo va vestido con disfraces desternillantes. Antes de que amanezca, Elvira Liceaga te llevará a recorrer el Vive Latino, el festival Coachella y otros templos del rock en un éxtasis musical y colectivo. “¿Qué son esos escalofríos, esa piel de gallina, esa inquietud del cuerpo?”, se pregunta la autora tratando de describir lo que sentimos en los mejores conciertos. Luigi Amara te conducirá en su Cadillac convertible por las fiestas más memorables de la literatura, como las de El gran Gatsby o El maestro y Margarita, pasando por Alicia en el País de las Maravillas, El gatopardo y La señora Dalloway. Antes de que puedas recuperarte, Adrián Román te invitará a bailar por la Ciudad de México en diferentes épocas de la historia. Si lo que te gusta es el (neo)perreo, Mariana Ortiz es tu conecte perfecto. Su texto te hará entrar en un espacio donde la gente tiene aspecto de “artistas porno jugando a desafiarse con la ropa —menos es más— y con el maquillaje —más es mejor–”, una fiesta “hecha para lxs desentendidxs de la cultura pop, para marginadxs y rebeldes, para quienes viven sin miedo a decir que sí”. La brillante Rachele Airoldi te guiará por las callejuelas de Venecia, ataviada con una seductora máscara de papel maché. Dossier POPURRÍ AUDIOVISUALES AUTORES PDF Número Uno Agosto-Octubre 2026 001.01.26 PDF Dossier Popurrí Audiovisuales 001.01.26 Autores Créditos Nosotros EDITORIAL En estas páginas te proponemos una parranda que comienza un 31 de octubre por las calles de un Seúl donde todo el mundo va vestido con disfraces desternillantes. Antes de que amanezca, Elvira Liceaga te llevará a recorrer el Vive Latino, el festival Coachella y otros templos del rock en un éxtasis musical y colectivo. “¿Qué son esos escalofríos, esa piel de gallina, esa inquietud del cuerpo?”, se pregunta la autora tratando de describir lo que sentimos en los mejores conciertos. Luigi Amara te conducirá en su Cadillac convertible por las fiestas más memorables de la literatura, como las de El gran Gatsby o El maestro y Margarita, pasando por Alicia en el País de las Maravillas, El gatopardo y La señora Dalloway. Antes de que puedas recuperarte, Adrián Román te invitará a bailar por la Ciudad de México en diferentes épocas de la historia. Si lo que te gusta es el (neo)perreo, Mariana Ortiz es tu conecte perfecto. Su texto te hará entrar en un espacio donde la gente tiene aspecto de “artistas porno jugando a desafiarse con la ropa —menos es más— y con el maquillaje —más es mejor–”, una fiesta “hecha para lxs desentendidxs de la cultura pop, para marginadxs y rebeldes, para quienes viven sin miedo a decir que sí”. La brillante Rachele Airoldi te guiará por las callejuelas de Venecia, ataviada con una seductora máscara de papel maché. DOSSIER Camila Samanta Yáñez Pérez Sociología 001.01.26 | Ensayo ↙ Mateo Flores Rivera Sobre la guerra y política en la historia contemporánea 001.01.26 | Ensayo ↙ Jair Cruz Tenorio Regalar la palabra también 001.01.26 | Ensayo ↙ Leticia García Sabor a victoria 001.01.26 | Poesía ↙ Instituto de Investigación 28 Sobre la neutralidad del artista 001.01.26 | Ensayo ↙ Cecilia Silva Ángel La política exterior mexicana ante el genocidio en Gaza 001.01.26 | Ensayo ↙ Elisa trejo Cuando el afecto se diluye entre pixeles 001.01.26 | Ensayo ↙ Pavel Cabrera Morales Estos sueños soñados despiertos 001.01.26 | Ensayo ↙ Dana López Ángeles La Ciénaga 001.01.26 | Poesía ↙ Emilio Cruz Cañas Yukio Mishima y James Dean: lo bello debería morir joven 001.01.26 | Ensayo ↙ Alberto López Ángeles El lenguaje jurídico: la barrera de la justicia en México 001.01.26 | Ensayo ↙ Mateo Flores Rivera Donde la muerte no existe 001.01.26 | Cuento ↙ José Santiago Macías Cabrera La cánida desaparición 001.01.26 | Poesía ↙ Ramiro Rosales Cortés En onda 001.01.26 | Cuento ↙ Francisco Pérez Sánchez Pellicer saluda al otoño 001.01.26 | Ensayo ↙ Leonardo Eguiza Delgado Anotaciones sobre el Sincretismo 001.01.26 | Ensayo ↙ Eric Peralta Neria The Lamb as Effigy y la imposición de una lengua legítima 001.01.26 | Ensayo ↙ ENTREVISTA Julieta Fierro Gossman en nuestra plática número uno. Platicamos de las cosas que surgen de la curiosidad. Pláticas en Baormos ofrecen un espacio donde los invitados e invitadas charlan como si estuvieran tomando un café. Cosas que no se han dicho y que sientan precedentes. Solo en Baormos. Celebramos nuestro número uno publicando de nuestro archivo esta entrevista inédita, agradeciendo el apoyo que la Dra. Julieta Fierro Gossman le dio a Baormos desde su planeación. ↗ POPURRÍ Jimena Lara Los billonarios nos salvarán: Hailmary, ciencia ficción capitalista 001.01.26 | Videoensayo Jimena Lara Venezuela: capitalismo fósil y devastación ambiental 001.01.26 | Videoensayo Mateo Flores Rivera Pellicer saluda al otoño 001.01.26 | Ensayo CRÉDITOS PAVEL CABRERA MORALES · Estos sueños soñados despiertos · INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN 28 · Sobre la neutralidad del artista · DANA LÓPEZ ÁNGELES · La Ciénaga · ELISA TREJO · Cuando el afecto se diluye entre pixeles · FRANCISCO PÉREZ · Pellicer saluda al otoño · EMILIO CRUZ CAÑAS · Yukio Mishima y James Dean: lo bello debería morir joven · MATEO FLORES RIVERA · Sobre la guerra y política en la historia contemporánea · Donde la muerte no existe · JAIR CRUZ TENORIO · Regalar la palabra también · JOSÉ SANTIAGO MACÍAS CABRERA · La cánida desaparición · LETICIA GARCÍA · Sabor a victoria · CECILIA SILVA ÁNGEL · La política exterior mexicana ante el genocidio en Gaza · ALBERTO LÓPEZ ÁNGELES · El lenguaje jurídico: la barrera de la justicia en México · ERIC PERALTA NERIA · The Lamb as Effigy y la imposición de una lengua legítima · LEONARDO EGUIZA DELGADO · Anotaciones sobre el Sincretismo · JULIETA FIERRO GOSSMAN · Platicándonos 001 · JIMENA LARA · Venezuela: capitalismo fósil y devastación ambiental Dossier Popurrí Audiovisuales 001.01.26 Autores Créditos Nosotros PDF

  • Francisco Pérez Sánchez | Baormos

    Perfil del autor Mateo Flores Rivera. Lee sus ensayos, crónicas y toda su creación literaria en Baormos, revista cultural y académica trimestral en México. Francisco Pérez Sánchez Nació en México en 2006, cursa la Licenciatura en Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México y estudió el bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria Plantel 6 "Antonio Caso". COLABORACIONES Francisco Pérez Sánchez Pellicer saluda al otoño 001.01.26 | Ensayo Francisco Pérez Sánchez Nació en México en 2006, cursa la Licenciatura en Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México y estudió el bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria Plantel 6 "Antonio Caso". COLABORACIONES Francisco Pérez Sánchez Pellicer saluda al otoño 001.01.26 | Ensayo ↙

  • La Ciénaga | Baormos

    La Ciénaga Dana López Ángeles Poesía Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Bailo entre las manos de las figuras amorfas / contenidas en la estructura de una oración mal / pronunciada, me gritan en una lengua que no / conozco y se desnudan al ritmo de la hoguera / ardiente. Me cuesta entender que soy tan suya como lo que / creo ser. Me cuesta creer que mi piel ha sido tejida / de entre sus cabellos, porque me arrebataron la / conciencia el día en que se durmieron. Las veo en los tiempos de sequía, entre las / fumarolas de incienso, el olor del desprecio del / hijo a su madre y en la ciénaga escondida que aún / atesora el breve recuerdo de sus cuerpos. Quizá en la muerte he de encontrarlas entre la / tierra. Puras y serenas, tomando el espacio que / siempre fue suyo, aquel que siempre les he / negado. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar López Ángeles, D. (2026). La Ciénaga . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF La Ciénaga Dana López Ángeles Poesía Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Leer en PDF Número entero Bailo entre las manos de las figuras amorfas contenidas en la estructura de una oración mal pronunciada, me gritan en una lengua que no conozco y se desnudan al ritmo de la hoguera ardiente. Me cuesta entender que soy tan suya como lo que creo ser. Me cuesta creer que mi piel ha sido tejida de entre sus cabellos, porque me arrebataron la conciencia el día en que se durmieron. Las veo en los tiempos de sequía, entre las fumarolas de incienso, el olor del desprecio del hijo a su madre y en la ciénaga escondida que aún atesora el breve recuerdo de sus cuerpos. Quizá en la muerte he de encontrarlas entre la tierra. Puras y serenas, tomando el espacio que siempre fue suyo, aquel que siempre les he negado. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar López Ángeles, D. (2026). La Ciénaga . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • The Lamb as Effigy y la imposición de una lengua legítima | Baormos

    The Lamb as Effigy y la imposición de una lengua legítima Eric Peralta Neria Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Peralta Neria, E. (2026). The Lamb as Effigy y la imposición de una lengua legítima . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF The Lamb as Effigy y la imposición de una lengua legítima Eric Peralta Neria Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Leer en PDF Número entero En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. La gente escribe cartas porque las necesita. La gente espera semanas y meses y, a veces, espera inútilmente. La carta se perdió en alguno de los puntos. El timbre no pagó la tarifa necesaria. La dirección estaba mal o la letra era ilegible o el destinatario se cambió de casa y no dejó sus señas. O hubo un naufragio, un incendio, un terremoto, una guerra o una sublevación. Que llegara la carta en tiempo y forma era un milagro. El correo, que ahora está en vías de extinción al sustituirlo por el correo electrónico, por el WhatsApp, por el teléfono, transportaba prodigios. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Peralta Neria, E. (2026). The Lamb as Effigy y la imposición de una lengua legítima . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • Anotaciones sobre el Sincretismo | Baormos

    Anotaciones sobre el Sincretismo Leonardo Eguiza Delgado Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Eguiza Delgado, L. (2026). Anotaciones sobre el Sincretismo . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF Anotaciones sobre el Sincretismo Leonardo Eguiza Delgado Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Leer en PDF Número entero En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. La gente escribe cartas porque las necesita. La gente espera semanas y meses y, a veces, espera inútilmente. La carta se perdió en alguno de los puntos. El timbre no pagó la tarifa necesaria. La dirección estaba mal o la letra era ilegible o el destinatario se cambió de casa y no dejó sus señas. O hubo un naufragio, un incendio, un terremoto, una guerra o una sublevación. Que llegara la carta en tiempo y forma era un milagro. El correo, que ahora está en vías de extinción al sustituirlo por el correo electrónico, por el WhatsApp, por el teléfono, transportaba prodigios. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Eguiza Delgado, L. (2026). Anotaciones sobre el Sincretismo . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • Los billonarios nos salvarán: Hailmary, ciencia ficción capitalista | Baormos

    Los billonarios nos salvarán: Hailmary, ciencia ficción capitalista Jimena Lara Videoensayo Volumen 1: Número 1

  • Ramiro Rosales Cortés | Baormos

    Ramiro Rosales Cortés México, 2006. Estudia la licenciatura en Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de México. Realizó el nivel bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria Plantel 9 "Pedro de Alba". COLABORACIONES Ramiro Rosales Cortés En onda 001.01.26 | Cuento Ramiro Rosales Cortés México, 2006. Estudia la licenciatura en Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de México. Realizó el nivel bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria Plantel 9 "Pedro de Alba". COLABORACIONES Ramiro Rosales Cortés En onda 001.01.26 | Cuento ↙

  • Sobre la neutralidad del artista | Baormos

    Sobre la neutralidad del artista Instituto de Investigación 28 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Instituto de Investigación 28. (2026). Sobre la neutralidad del artista . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF Sobre la neutralidad del artista Instituto de investigación 28 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Leer en PDF Número entero En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. La gente escribe cartas porque las necesita. La gente espera semanas y meses y, a veces, espera inútilmente. La carta se perdió en alguno de los puntos. El timbre no pagó la tarifa necesaria. La dirección estaba mal o la letra era ilegible o el destinatario se cambió de casa y no dejó sus señas. O hubo un naufragio, un incendio, un terremoto, una guerra o una sublevación. Que llegara la carta en tiempo y forma era un milagro. El correo, que ahora está en vías de extinción al sustituirlo por el correo electrónico, por el WhatsApp, por el teléfono, transportaba prodigios. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Instituto de Investigación 28. (2026). Sobre la neutralidad del artista . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • Estos sueños soñados despiertos | Baormos

    Estos sueños soñados despiertos Pavel Cabrera Morales Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Cabrera Morales, P. (2026). Estos sueños soñados despiertos . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF Estos sueños soñados despiertos Pavel Cabrera Morales Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Leer en PDF Número entero En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. La gente escribe cartas porque las necesita. La gente espera semanas y meses y, a veces, espera inútilmente. La carta se perdió en alguno de los puntos. El timbre no pagó la tarifa necesaria. La dirección estaba mal o la letra era ilegible o el destinatario se cambió de casa y no dejó sus señas. O hubo un naufragio, un incendio, un terremoto, una guerra o una sublevación. Que llegara la carta en tiempo y forma era un milagro. El correo, que ahora está en vías de extinción al sustituirlo por el correo electrónico, por el WhatsApp, por el teléfono, transportaba prodigios. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Cabrera Morales, P. (2026). Estos sueños soñados despiertos . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • La política exterior mexicana ante el genocidio en Gaza | Baormos

    La política exterior mexicana ante el genocidio en Gaza Cecilia Silva Ángel Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Silva Ángel, C. (2026). La política exterior mexicana ante el genocidio en Gaza . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF La política exterior mexicana ante el genocidio en Gaza Cecilia Silva Ángel Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Leer en PDF Número entero En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. La gente escribe cartas porque las necesita. La gente espera semanas y meses y, a veces, espera inútilmente. La carta se perdió en alguno de los puntos. El timbre no pagó la tarifa necesaria. La dirección estaba mal o la letra era ilegible o el destinatario se cambió de casa y no dejó sus señas. O hubo un naufragio, un incendio, un terremoto, una guerra o una sublevación. Que llegara la carta en tiempo y forma era un milagro. El correo, que ahora está en vías de extinción al sustituirlo por el correo electrónico, por el WhatsApp, por el teléfono, transportaba prodigios. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Silva Ángel, C. (2026). La política exterior mexicana ante el genocidio en Gaza . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • Regalar la palabra también | Baormos

    Regalar la palabra también Jair Cruz Tenorio Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Cruz Tenorio, J. (2026). Regalar la palabra también . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF Regalar la palabra también Jair Cruz Tenorio Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Leer en PDF Número entero En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. La gente escribe cartas porque las necesita. La gente espera semanas y meses y, a veces, espera inútilmente. La carta se perdió en alguno de los puntos. El timbre no pagó la tarifa necesaria. La dirección estaba mal o la letra era ilegible o el destinatario se cambió de casa y no dejó sus señas. O hubo un naufragio, un incendio, un terremoto, una guerra o una sublevación. Que llegara la carta en tiempo y forma era un milagro. El correo, que ahora está en vías de extinción al sustituirlo por el correo electrónico, por el WhatsApp, por el teléfono, transportaba prodigios. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Cruz Tenorio, J. (2026). Regalar la palabra también . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • El lenguaje jurídico: la barrera de la justicia en México | Baormos

    El lenguaje jurídico: la barrera de la justicia en México Alberto López Ángeles Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar López Ángeles, A. (2026). El lenguaje jurídico: la barrera de la justicia en México . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF El lenguaje jurídico: la barrera de la justicia en México Alberto López Ángeles Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Leer en PDF Número entero En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. La gente escribe cartas porque las necesita. La gente espera semanas y meses y, a veces, espera inútilmente. La carta se perdió en alguno de los puntos. El timbre no pagó la tarifa necesaria. La dirección estaba mal o la letra era ilegible o el destinatario se cambió de casa y no dejó sus señas. O hubo un naufragio, un incendio, un terremoto, una guerra o una sublevación. Que llegara la carta en tiempo y forma era un milagro. El correo, que ahora está en vías de extinción al sustituirlo por el correo electrónico, por el WhatsApp, por el teléfono, transportaba prodigios. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar López Ángeles, A. (2026). El lenguaje jurídico: la barrera de la justicia en México . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • Pellicer saluda al otoño | Baormos

    Pellicer saluda al otoño Francisco Pérez Sánchez Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Poeta, profesor, director del Departamento de Bellas Artes, museógrafo e incluso senador: Carlos Pellicer era una eminencia. Nacido el 16 de enero de 1897, en Villahermosa, Tabasco, el poeta mexicano es uno de los mayores referentes de la poesía. Perteneció al grupo conocido como los Contemporáneos, donde se encontraban escritores como Enrique González Rojo, Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, José Gorostiza, y el famoso Salvador Novo. Todos reconocidos poetas de la literatura mexicana que marcaron un antes y un después; allí figuraba Carlos Pellicer. Su poesía incorporó parte del estilo mexicano y tuvo influencia colombiana al haber estudiado allá en su juventud. Finalmente, luego de una larga carrera en la vida política y literaria de México, falleció en la Ciudad de México en el año de 1977, a la edad de 80 años. —— Entre su vasta y prolífica obra, se encuentra Recinto y otras imágenes, un poemario publicado en 1941, que contiene el extraordinario poema Recinto, una oda al amor intenso y experimentado sin rencores, sus rimas recuerdan al romanticismo y posee una musicalidad y ritmos destacables que hacen su poesía bastante amena y disfrutable. Pero hoy hablaremos de las otras imágenes, pequeños poemas e incluso sonetos sobre la naturaleza, la espiritualidad y el tiempo. —— Es el caso de Sonetos de otoño, dedicados a su gran amigo, el arquitecto Luis Barragán. En este poema Pellicer saluda un otoño y le hace peticiones como quien reza a un santo, dibuja un paisaje otoñal algo nostálgico: “Todo un día de otoño bien oído, / tan silenciosamente contemplado, / tan misteriosamente comprendido”. A su vez el otoño es como rey coronado que “Reina el valle de México. Divino”, y se conjunta con el amor como algo perfecto. Pero este rey no trae luz, sino ausencia, pero es esa presencia de la ausencia la que nos mantiene conscientes de la vida y del paso del tiempo, es el descanso del corazón, frente a las batallas de otros tiempos. —— En estos días llegó el otoño, y con los versos eternos de Carlos Pellicer es mejor saludarlo. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Pérez Sánchez, F. (2026). Pellicer saluda al otoño. Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF Pellicer saluda al otoño Francisco Pérez Sánchez Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Leer en PDF Número entero Poeta, profesor, director del Departamento de Bellas Artes, museógrafo e incluso senador: Carlos Pellicer era una eminencia. Nacido el 16 de enero de 1897, en Villahermosa, Tabasco, el poeta mexicano es uno de los mayores referentes de la poesía. Perteneció al grupo conocido como los Contemporáneos, donde se encontraban escritores como Enrique González Rojo, Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, José Gorostiza, y el famoso Salvador Novo. Todos reconocidos poetas de la literatura mexicana que marcaron un antes y un después; allí figuraba Carlos Pellicer. Su poesía incorporó parte del estilo mexicano y tuvo influencia colombiana al haber estudiado allá en su juventud. Finalmente, luego de una larga carrera en la vida política y literaria de México, falleció en la Ciudad de México en el año de 1977, a la edad de 80 años. —— Entre su vasta y prolífica obra, se encuentra Recinto y otras imágenes, un poemario publicado en 1941, que contiene el extraordinario poema Recinto, una oda al amor intenso y experimentado sin rencores, sus rimas recuerdan al romanticismo y posee una musicalidad y ritmos destacables que hacen su poesía bastante amena y disfrutable. Pero hoy hablaremos de las otras imágenes, pequeños poemas e incluso sonetos sobre la naturaleza, la espiritualidad y el tiempo. —— Es el caso de Sonetos de otoño, dedicados a su gran amigo, el arquitecto Luis Barragán. En este poema Pellicer saluda un otoño y le hace peticiones como quien reza a un santo, dibuja un paisaje otoñal algo nostálgico: “Todo un día de otoño bien oído, / tan silenciosamente contemplado, / tan misteriosamente comprendido”. A su vez el otoño es como rey coronado que “Reina el valle de México. Divino”, y se conjunta con el amor como algo perfecto. Pero este rey no trae luz, sino ausencia, pero es esa presencia de la ausencia la que nos mantiene conscientes de la vida y del paso del tiempo, es el descanso del corazón, frente a las batallas de otros tiempos. —— En estos días llegó el otoño, y con los versos eternos de Carlos Pellicer es mejor saludarlo. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Pérez Sánchez, F. (2026). Pellicer saluda al otoño . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • Emilio Cruz Cañas | Baormos

    Perfil del autor Mateo Flores Rivera. Lee sus ensayos, crónicas y toda su creación literaria en Baormos, revista cultural y académica trimestral en México. Emilio Cruz Cañas Huixquilican, Estado de México. Nacido en 2005. COLABORACIONES Emilio Cruz Cañas Yukio Mishima y James Dean: lo bello debería morir joven 001.01.26 | Ensayo Emilio Cruz Cañas Huixquilican, Estado de México. Nacido en 2005. COLABORACIONES Emilio Cruz Cañas Yukio Mishima y James Dean: lo bello debería morir joven 001.01.26 | Ensayo ↙

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