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  • Los billonarios nos salvarán: Hailmary, ciencia ficción capitalista | Baormos

    Los billonarios nos salvarán: Hailmary, ciencia ficción capitalista Jimena Lara Jauffred Videoensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Mayo 26, 2026 Los billonarios nos salvarán: Hailmary, ciencia ficción capitalista Jimena Lara Jauffred Publicado: Mayo 0, 2026 Videoensayo Volumen 1: Número 1

  • Génesis y metamorfosis de un ballet imperial | Baormos

    Título íntegro Autor Leer en PDF ↙ Génesis y metamorfosis de un ballet imperial Camila Samanta Yáñez Pérez Leer en PDF ↙ Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Inserte texto completo. Aquí un fragmento de un texto al azar. Para los teólogos obtusos, los antropomorfismos de la Biblia son un escollo insalvable. Dios escucha, se pasea, se alegra, se le “hinchan las narices” (traducción literal del modismo hebreo que expresa el enojo) y, sobre todo, se compadece. Aunque la etimología siempre es una herramienta punzocortante que hay que utilizar con cuidado, en este caso puede hacer vislumbrar realidades profundas. La compasión y la misericordia (rajamim, en hebreo; rahmah, en árabe) derivan en todas las lenguas semíticas —vehículos privilegiados de revelación de la religión (concepto cuya etimología es “lo que nos vincula, lo que nos liga, lo que nos sujeta”)— de una realidad muy corpórea: el réjem en hebreo, el rahm en árabe, es decir, el útero en español. Allá donde Atenas y sus exegetas de Occidente hicieron reinar la “histeria” misógina (que desciende en línea recta de la hystéra griega, es decir, el útero), el Dios de la Biblia, y las gentes que pensaron a ese dios, fundamentaron en ese útero materno la raíz misma del amor divino y la expresión insoslayable de la razón de que el mundo mismo exista: el afecto (“Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”). Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Inserte texto completo. Aquí un fragmento de un texto al azar. Para los teólogos obtusos, los antropomorfismos de la Biblia son un escollo insalvable. Dios escucha, se pasea, se alegra, se le “hinchan las narices” (traducción literal del modismo hebreo que expresa el enojo) y, sobre todo, se compadece. Aunque la etimología siempre es una herramienta punzocortante que hay que utilizar con cuidado, en este caso puede hacer vislumbrar realidades profundas. La compasión y la misericordia (rajamim, en hebreo; rahmah, en árabe) derivan en todas las lenguas semíticas —vehículos privilegiados de revelación de la religión (concepto cuya etimología es “lo que nos vincula, lo que nos liga, lo que nos sujeta”)— de una realidad muy corpórea: el réjem en hebreo, el rahm en árabe, es decir, el útero en español. Allá donde Atenas y sus exegetas de Occidente hicieron reinar la “histeria” misógina (que desciende en línea recta de la hystéra griega, es decir, el útero), el Dios de la Biblia, y las gentes que pensaron a ese dios, fundamentaron en ese útero materno la raíz misma del amor divino y la expresión insoslayable de la razón de que el mundo mismo exista: el afecto (“Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Apellido, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Imagen de portada C. e. a. Leer en PDF Inserte texto completo. Aquí un fragmento de un texto al azar. Para los teólogos obtusos, los antropomorfismos de la Biblia son un escollo insalvable. Dios escucha, se pasea, se alegra, se le “hinchan las narices” (traducción literal del modismo hebreo que expresa el enojo) y, sobre todo, se compadece. Aunque la etimología siempre es una herramienta punzocortante que hay que utilizar con cuidado, en este caso puede hacer vislumbrar realidades profundas. La compasión y la misericordia (rajamim, en hebreo; rahmah, en árabe) derivan en todas las lenguas semíticas —vehículos privilegiados de revelación de la religión (concepto cuya etimología es “lo que nos vincula, lo que nos liga, lo que nos sujeta” )— de una realidad muy corpórea: el réjem en hebreo, el rahm en árabe, es decir, el útero en español. Allá donde Atenas y sus exegetas de Occidente hicieron reinar la “histeria” misógina (que desciende en línea recta de la hystéra griega, es decir, el útero), el Dios de la Biblia, y las gentes que pensaron a ese dios, fundamentaron en ese útero materno la raíz misma del amor divino y la expresión insoslayable de la razón de que el mundo mismo exista: el afecto (“Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” ). Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Inserte texto completo. Aquí un fragmento de un texto al azar. Para los teólogos obtusos, los antropomorfismos de la Biblia son un escollo insalvable. Dios escucha, se pasea, se alegra, se le “hinchan las narices” (traducción literal del modismo hebreo que expresa el enojo) y, sobre todo, se compadece. Aunque la etimología siempre es una herramienta punzocortante que hay que utilizar con cuidado, en este caso puede hacer vislumbrar realidades profundas. La compasión y la misericordia (rajamim, en hebreo; rahmah, en árabe) derivan en todas las lenguas semíticas —vehículos privilegiados de revelación de la religión (concepto cuya etimología es “lo que nos vincula, lo que nos liga, lo que nos sujeta” )— de una realidad muy corpórea: el réjem en hebreo, el rahm en árabe, es decir, el útero en español. Allá donde Atenas y sus exegetas de Occidente hicieron reinar la “histeria” misógina (que desciende en línea recta de la hystéra griega, es decir, el útero), el Dios de la Biblia, y las gentes que pensaron a ese dios, fundamentaron en ese útero materno la raíz misma del amor divino y la expresión insoslayable de la razón de que el mundo mismo exista: el afecto (“Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” ). Inserte texto completo. Aquí un fragmento de un texto al azar. Para los teólogos obtusos, los antropomorfismos de la Biblia son un escollo insalvable. Dios escucha, se pasea, se alegra, se le “hinchan las narices” (traducción literal del modismo hebreo que expresa el enojo) y, sobre todo, se compadece. Aunque la etimología siempre es una herramienta punzocortante que hay que utilizar con cuidado, en este caso puede hacer vislumbrar realidades profundas. La compasión y la misericordia (rajamim, en hebreo; rahmah, en árabe) derivan en todas las lenguas semíticas —vehículos privilegiados de revelación de la religión (concepto cuya etimología es “lo que nos vincula, lo que nos liga, lo que nos sujeta” )— de una realidad muy corpórea: el réjem en hebreo, el rahm en árabe, es decir, el útero en español. Allá donde Atenas y sus exegetas de Occidente hicieron reinar la “histeria” misógina (que desciende en línea recta de la hystéra griega, es decir, el útero), el Dios de la Biblia, y las gentes que pensaron a ese dios, fundamentaron en ese útero materno la raíz misma del amor divino y la expresión insoslayable de la razón de que el mundo mismo exista: el afecto (“Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” ). Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Inserte texto completo. Aquí un fragmento de un texto al azar. Para los teólogos obtusos, los antropomorfismos de la Biblia son un escollo insalvable. Dios escucha, se pasea, se alegra, se le “hinchan las narices” (traducción literal del modismo hebreo que expresa el enojo) y, sobre todo, se compadece. Aunque la etimología siempre es una herramienta punzocortante que hay que utilizar con cuidado, en este caso puede hacer vislumbrar realidades profundas. La compasión y la misericordia (rajamim, en hebreo; rahmah, en árabe) derivan en todas las lenguas semíticas —vehículos privilegiados de revelación de la religión (concepto cuya etimología es “lo que nos vincula, lo que nos liga, lo que nos sujeta” )— de una realidad muy corpórea: el réjem en hebreo, el rahm en árabe, es decir, el útero en español. Allá donde Atenas y sus exegetas de Occidente hicieron reinar la “histeria” misógina (que desciende en línea recta de la hystéra griega, es decir, el útero), el Dios de la Biblia, y las gentes que pensaron a ese dios, fundamentaron en ese útero materno la raíz misma del amor divino y la expresión insoslayable de la razón de que el mundo mismo exista: el afecto (“Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” ). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Apellido1 Apellido2, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Imagen de portada 2024. Sin título. Leer en PDF

  • Directorio | Baormos

    Directorio Jair Cruz Tenorio FUNDADOR Y DIRECTOR Camila Munguía Herrera Lucía Osorno Martínez Esaú Hurtado Cobo Camila Samanta Yáñez Pérez Alberto López Ángeles Eric Fernando Peralta Neria Pavel Cabrera Morales COMITÉ EDITORIAL Dra. Cecilia Peraza Sanginés Dr. Hugo José Suárez Suárez Dr. Héctor Alfonso Vera Martínez COMITÉ CIENTÍFICO Arantza Ortíz González ILUSTRACIÓN DE PORTADA Jair Cruz Tenorio DISEÑO ORIGINAL Y SITIO WEB Directorio Jair Cruz Tenorio FUNDADOR Y DIRECTOR Camila Munguía Herrera Lucía Osorno Martínez Esaú Hurtado Cobo Camila Samanta Yáñez Pérez Alberto López Ángeles Eric Fernando Peralta Neria Pavel Cabrera Morales COMITÉ EDITORIAL Dra. Cecilia Peraza Sanginés Dr. Hugo José Suárez Suárez Dr. Héctor Alfonso Vera Martínez COMITÉ CIENTÍFICO Arantza Ortíz González ILUSTRACIÓN DE PORTADA Jair Cruz Tenorio DISEÑO ORIGINAL Y SITIO WEB

  • Baormos | Revista académica y cultural

    Baormos es una revista académica y cultural trimestral en México que publica artículos, ensayos, crítica y arte de voces nuevas y contemporáneas. Convocatoria III abierta. Hasta noviembre 1, 2026. Baormos es nuestra revista de creación, contemporánea y plural. Envíanos tu colaboración. Convocatoria III abierta. Hasta noviembre 1, 2026. Baormos es nuestra revista de creación, contemporánea y plural. Envíanos tu colaboración. Nuestro número Uno próximamente. Disponible en noviembre 2026. Baormos es nuestra revista de creación, contemporánea y plural. Celebramos las primeras veces. MÁS LEÍDOS Mateo Flores Rivera Donde la muerte no existe 001.01.26 | Cuento Francisco Pérez Sánchez Pellicer saluda al otoño 001.01.26 | Ensayo Instituto de Investigación 28 Sobre la neutralidad del artista 001.01.26 | Ensayo AUDIOVISUAL AGENDA Checa nuestras actividades. Baormos también es un espacio para encontrarnos fuera de la página. En esta sección reunimos las actividades que nacen de la revista y de las comunidades que la rodean: conferencias, conversatorios, talleres, presentaciones, proyecciones y encuentros culturales. Buscamos que las ideas no permanezcan estáticas, sino que circulen, se discutan y encuentren nuevas voces. Porque una revista no termina cuando se publica, ahí es donde comienza la conversación. EL PROYECTO ¡Sé parte de Baormos! Convocatoria abierta hasta el 22 de agosto de 2026. La revista invita a estudiantes, docentes, investigadores, académicas y académicos y público en general, de cualquier institución y nacionalidad, a ser parte de su próxima edición mediante el envío de colaboraciones originales e inéditas. ↗ Cómo hacemos calidad editorial Conoce el proceso de dictaminación de la revista, sus objetivos, su misión, y marco que le da forma. Nuestra misión es crear una comunidad donde el conocimiento, la creación y el pensamiento crítico se encuentren para comprender el presente e imaginar nuevos horizontes. ↗ ¿Cómo nos envías tu colaboración? Literatura científica, crítica, artística; audiovisuales y visuales. Las colaboraciones enviadas a Baormos deberán ser originales e inéditas y no serán consideradas aquellas que hayan sido publicadas previamente en cualquier medio impreso o digital ni aquellas que se encuentren simultáneamente sometidas a evaluación en otra publicación. ↗ Nuestro número Uno disponible próximamente. Disponible en noviembre 2026. Baormos es nuestra revista de creación, contemporánea y plural. Celebramos las primeras veces. MÁS LEÍDOS Mateo Flores Rivera Donde la muerte no existe 001.01.26 | Cuento Francisco Pérez Sánchez Pellicer saluda al otoño 001.01.26 | Ensayo Instituto de Investigación 28 Sobre la neutralidad del artista 001.01.26 | Ensayo ENTREVISTA Julieta Fierro Gossman En nuestra plática 000 Jair Cruz Tenorio 001.01.26 | Entrevista Platicamos de las cosas que surgen de la curiosidad. En nuestra plática ofrece un espacio donde los invitados e invitadas charlan como si estuvieran tomando un café. Cosas que no se han dicho y que sientan precedentes. Solo en Baormos. Celebramos nuestro número Uno publicando de nuestro archivo esta entrevista inédita, agradeciendo el apoyo que la Dra. Julieta Fierro Gossman le dio a la revista desde su planeación. AGENDA Checa nuestras actividades Baormos también es un espacio para encontrarnos fuera de la página. En esta sección reunimos las actividades que nacen de la revista y de las comunidades que la rodean: conferencias, conversatorios, talleres, presentaciones, proyecciones y encuentros culturales. Buscamos que las ideas no permanezcan estáticas, sino que circulen, se discutan y encuentren nuevas voces. Porque una revista no termina cuando se publica, ahí es donde comienza la conversación. EL PROYECTO Únete a Baormos Convocatoria abierta hasta el 22 de agosto de 2026. La revista invita a estudiantes, docentes, investigadores, académicas y académicos y público en general, de cualquier institución y nacionalidad, a ser parte de su próxima edición mediante el envío de colaboraciones originales e inéditas. Entendemos la edición como una práctica capaz de producir conocimiento, abrir nuevas conversaciones y ampliar las formas desde las cuales comprendemos el presente. Por ello, recibimos trabajos que, desde distintas tradiciones, lenguajes y disciplinas, contribuyen al diálogo entre las ciencias, las artes y la cultura. ↗ Nuestra normatividad ¿Cómo mantenemos la calidad editorial? Conoce el proceso de dictaminación de la revista, sus objetivos, su misión, y marco que le da forma. Nuestra misión es crear una comunidad donde el conocimiento, la creación y el pensamiento crítico se encuentren para comprender el presente e imaginar nuevos horizontes. Baormos entiende la edición como una práctica capaz de abrir conversaciones, cuestionar certezas y generar ideas que contribuyan a transformar la manera en que habitamos e interpretamos el mundo. ↗ Los criterios editoriales Cómo enviar, qué tipo de colaboraciones aceptamos. Las colaboraciones enviadas a Baormos deberán ser originales e inéditas y no serán consideradas aquellas que hayan sido publicadas previamente en cualquier medio impreso o digital ni aquellas que se encuentren simultáneamente sometidas a evaluación en otra publicación. En lugar de clasificar textos según su formato, distinguimos tres estrategias discursivas fundamentales. Las tres producen pensamiento, las tres transforman la cultura. Lo que cambia es cómo lo hacen. ↗

  • Lucía Osorno Martinez | Baormos

    Lucía Osorno Martínez Valencia, 1236. Es ilustradora y autora de Náufragos (escrita junto a Pablo Monforte y ganadora del IX Premio Fnac Salamandra Graphic) y de Ocultos, galardonada con el Premio al Mejor Álbum Nacional 2019 en el festival Splash Sagunt y el primer Premio Ojo Crítico de Cómic en 2020. COLABORACIONES Autor Título 001.01.26 | Ensayo Lucía Osorno Martínez Valencia, 1236. Es ilustradora y autora de Náufragos (escrita junto a Pablo Monforte y ganadora del IX Premio Fnac Salamandra Graphic) y de Ocultos, galardonada con el Premio al Mejor Álbum Nacional 2019 en el festival Splash Sagunt y el primer Premio Ojo Crítico de Cómic en 2020. COLABORACIONES

  • Boletín | Baormos

    Boletín Histórico 2026 Boletín Histórico de prensados 2026

  • Yukio Mishima y James Dean: lo bello debería morir joven | Baormos

    Título íntegro Autor Leer en PDF ↙ Yukio Mishima y James Dean: lo bello debería morir joven Emilio Cruz Cañas Leer en PDF ↙ Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 El actor estadounidense James Dean (Fairmount, Indiana, 1931-1955) inmortalizó su leyenda al morir una tarde en California mientras conducía su Porsche 550 Spyder, al que había bautizado como “Little Bastard” (pequeño bastardo). —— Oscar Wilde, en su novela El retrato de Dorian Gray, escribió: “A veces, sin embargo, una tragedia que posee elementos de belleza artística se cruza en nuestras vidas. Si esos elementos de belleza son reales, todo apela, simplemente, a nuestro sentido del efecto dramático. De repente, descubrimos que ya no somos los actores, sino los espectadores de la obra. O más bien, que somos ambas cosas” (Wilde, p. 89). —— La muerte de James Dean es, en muchos sentidos, más significativa que su vida y obra. Esos breves segundos de una muerte violenta lo elevaron no solo al estatus de leyenda, sino también al de un símbolo cuasi religioso. La violencia en su muerte representa, paradójicamente, una forma de belleza suprema. —— El accidente automovilístico, con su aura casi futurista, otorgó a Dean una eterna juventud. No perseguía la muerte, pero tampoco le temía; estaba dispuesto a coquetear con ella, y esa audacia encarna el esteticismo de la rebeldía. Los jóvenes de todas las generaciones se identifican con las sensibilidades de James Dean, un ícono religioso de la juventud. El culto a su muerte despierta los sentimientos más puros de la adolescencia: la rebeldía y el rechazo a lo establecido. Creer que la violencia es intrínsecamente maligna o que una muerte prematura es indeseable son síntomas de una mentalidad que carece de belleza. En la figura de James Dean, los jóvenes encuentran refugio, pues sus emociones, aunque simples, resuenan universalmente: la pureza moral, la amabilidad y una vida impregnada de fantasías. Es el amor adolescente que solo se siente en su máxima expresión cuando es bello, inspirando a vivir el presente con una intensidad emocional desbordante, despreocupándose del futuro, una inquietud reservada para las almas envejecidas. —— Dean mismo lo expresó: “Sueña como si vivieras para siempre. Vive como si murieras mañana” (Bast, p. 123). Esta filosofía de alienación constante dio origen a un culto formado por jóvenes de espíritu. —— Yukio Mishima, aborda la figura de Dean, comparándolo con Alejandro Magno, quien ordenó esculpir estatuas que lo representaran eternamente a los veintiún años, consciente de que su destino era morir joven y bello (habría sido un horror que Alejandro envejeciera y tuviera que contemplar, en su ocaso, el reflejo de lo que alguna vez fue.) El recuerdo, según Mishima, es un veneno silencioso pero letal para el espíritu. La nostalgia y la melancolía son enfermedades de los débiles y los que carecen de belleza. —— Oscar Wilde lo expresó con claridad: “La gente dice a veces que la belleza es solo superficial. Tal vez así sea. Pero, al menos, no es tan superficial como el pensamiento. Para mí, la belleza es la maravilla de las maravillas. Solo la gente muy superficial no juzga por las apariencias. El verdadero misterio del mundo está en lo visible, no en lo invisible” (Wilde, p. 24). —— Mishima escribió la novela Star mientras actuaba como yakuza en la película Afraid to Die (1960), interpretando un rol que evocaba al estilo de Alain Delon. La novela narra la vida de Rikio, un joven actor de 23 años, similar a la edad de Dean (24), que también interpreta a un yakuza en una película. Rikio se enamora de su coprotagonista, Kayo, pero lo que destaca en la comparación con Dean es la figura del fanático que lo persigue; Takeo, un admirador obsesionado hasta el punto de pedirle su ropa interior. Rikio es, sin duda, un retrato de James Dean, reflejando su constante alienación, como se aprecia en la siguiente cita (pido disculpas si la traducción no es completamente fiel, ya que la novela no cuenta con traducción al castellano al momento de escribir el presente ensayo): “El formato era siempre el mismo: solo, frente a un fondo blanco. Los cines cortaban mi cuerpo con una sierra y lo pegaban en láminas de madera contrachapada fuera de las salas. En los días de viento, no había nada peor que pasar por un cine en las afueras y verme tirado boca abajo en la acera” (Mishima, p. 62). —— Bajo esta cita podemos comparar el desinterés de Dean por su propia imagen pública. Es difícil imaginar a una estrella con ojeras o el cabello desaliñado. Como señala Mishima, “Dean no era un Adonis ni un Antinoo”. Su belleza —aunque era innegablemente atractivo—, residía en su indiferencia melancólica hacia la vida, como cuando dejó plantado a Warner, en el estreno de Al Este del Edén para viajar a Nueva York. —— Nieve de primavera, la primera novela de El mar de la fertilidad, cierra con esta línea: “Dos días después de llegar a Tokio, Kiyoaki Matsugae moría a la edad de veinte años” (Mishima, p. 421). —— Esta relación de altibajos recuerda la que James Dean tuvo con Pier Angeli, de quien estaba profundamente enamorado, pero cuya relación terminó por la intervención de la madre de Angeli, que la llevó a casarse con el músico Vic Damone. Al igual que Kiyoaki, Dean comprendió demasiado tarde que había perdido a su amor, pero se resistía a dejarla ir. En la novela, Satoko es forzada a abortar el hijo que espera de Kiyoaki para preservar el honor de las familias Matsugae y Ayakura. Tras esta pérdida, Satoko ingresa a un convento budista, se rapa y jura castidad perpetua, negándose volver a ver a Kiyoaki. Este, desesperado por recuperarla, muere a los veinte años, no sin antes confesar a Honda: “Acabo de tener un sueño. La volveré a ver. Lo sé. Junto a las cascadas” (Mishima, p. 420). Fuentes Bast, W. (2006). Surviving James Dean. Barricade Books. Dalton, D. (2001). James Dean: The Mutant King. Chicago Review Press. Mishima, Y. (2018). Star (S. Bett, Trans.). New Directions. Mishima, Y. (1969/1990). Spring Snow (M. Gallagher, Trans.). Vintage International. Saint-Exupéry, A. de. (2000). The Little Prince (R. Howard, Trans.). Harcourt. Wilde, O. (2003). The Picture of Dorian Gray. Penguin Classics. Mishima, Y. (2019, 29 de abril). Yukio Mishima on the beautiful death of James Dean: Novelists, however, should avoid dying young. Literary Hub. https://lithub.com/yukio-mishima-on-the-beautiful-death-of-james-dean/ Notas Notas Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF El actor estadounidense James Dean (Fairmount, Indiana, 1931-1955) inmortalizó su leyenda al morir una tarde en California mientras conducía su Porsche 550 Spyder, al que había bautizado como “Little Bastard” (pequeño bastardo). —— Oscar Wilde, en su novela El retrato de Dorian Gray, escribió: “A veces, sin embargo, una tragedia que posee elementos de belleza artística se cruza en nuestras vidas. Si esos elementos de belleza son reales, todo apela, simplemente, a nuestro sentido del efecto dramático. De repente, descubrimos que ya no somos los actores, sino los espectadores de la obra. O más bien, que somos ambas cosas” (Wilde, p. 89). —— La muerte de James Dean es, en muchos sentidos, más significativa que su vida y obra. Esos breves segundos de una muerte violenta lo elevaron no solo al estatus de leyenda, sino también al de un símbolo cuasi religioso. La violencia en su muerte representa, paradójicamente, una forma de belleza suprema. —— El accidente automovilístico, con su aura casi futurista, otorgó a Dean una eterna juventud. No perseguía la muerte, pero tampoco le temía; estaba dispuesto a coquetear con ella, y esa audacia encarna el esteticismo de la rebeldía. Los jóvenes de todas las generaciones se identifican con las sensibilidades de James Dean, un ícono religioso de la juventud. El culto a su muerte despierta los sentimientos más puros de la adolescencia: la rebeldía y el rechazo a lo establecido. Creer que la violencia es intrínsecamente maligna o que una muerte prematura es indeseable son síntomas de una mentalidad que carece de belleza. En la figura de James Dean, los jóvenes encuentran refugio, pues sus emociones, aunque simples, resuenan universalmente: la pureza moral, la amabilidad y una vida impregnada de fantasías. Es el amor adolescente que solo se siente en su máxima expresión cuando es bello, inspirando a vivir el presente con una intensidad emocional desbordante, despreocupándose del futuro, una inquietud reservada para las almas envejecidas. —— Dean mismo lo expresó: “Sueña como si vivieras para siempre. Vive como si murieras mañana” (Bast, p. 123). Esta filosofía de alienación constante dio origen a un culto formado por jóvenes de espíritu. —— Yukio Mishima, aborda la figura de Dean, comparándolo con Alejandro Magno, quien ordenó esculpir estatuas que lo representaran eternamente a los veintiún años, consciente de que su destino era morir joven y bello (habría sido un horror que Alejandro envejeciera y tuviera que contemplar, en su ocaso, el reflejo de lo que alguna vez fue.) El recuerdo, según Mishima, es un veneno silencioso pero letal para el espíritu. La nostalgia y la melancolía son enfermedades de los débiles y los que carecen de belleza. —— James Dean permanece como un eterno adolescente. A casi un siglo de su nacimiento, nadie lo recuerda marchito, sino con su cabello dorado ondeando bajo el sol de California, un joven rebosante de vida, vestido con vaqueros y una icónica chaqueta roja. La fuente de la juventud no reside en la vida, sino en la muerte. Mishima lo expresó así: “Las condiciones para una muerte prematura son bastante difíciles: debes ser perfecto para el papel y, además, la casualidad debe desempeñar su parte para darle vida. James Dean es un ejemplo perfecto de ambos” (Mishima, p. 47). —— Yukio Mishima murió el 25 de noviembre de 1970, a los 45 años, cometiendo seppuku en un acto que respondía a los nobles ideales de su espíritu. Para él, la fealdad era intolerable, y con su sangre devolvió belleza a un mundo que, a su juicio, la había perdido. Los críticos más simplistas lo tildan de “loco” o “nacionalista” , pero estos son síntomas de una mentalidad incapaz de comprender la pureza de una muerte bella. A través de sus novelas y otras expresiones artísticas, Mishima no retrata el mundo, sino a sí mismo; es, a diferencia de otros escritores, un espejo. Desde Confesiones de una máscara hasta las aventuras de Honda en El mar de la fertilidad, su obra gira en torno a un tema central: la belleza. Para Mishima, la belleza reside en la nobleza de los actos, en el culto al cuerpo y su equilibrio con la pluma. La belleza es la consumación de la vida en su apogeo, pues solo así se lega una imagen pura, libre de las imperfecciones de la vejez. La muerte es la cura para la falta de acción. Así como el monje que fuma un cigarrillo mientras contempla el pabellón en llamas o el guerrero que se raja el estómago al alba, James Dean se inmoló en la belleza al estrellar su Porsche. —— Oscar Wilde lo expresó con claridad: “La gente dice a veces que la belleza es solo superficial. Tal vez así sea. Pero, al menos, no es tan superficial como el pensamiento. Para mí, la belleza es la maravilla de las maravillas. Solo la gente muy superficial no juzga por las apariencias. El verdadero misterio del mundo está en lo visible, no en lo invisible” (Wilde, p. 24). —— Mishima escribió la novela Star mientras actuaba como yakuza en la película Afraid to Die (1960), interpretando un rol que evocaba al estilo de Alain Delon. La novela narra la vida de Rikio, un joven actor de 23 años, similar a la edad de Dean (24), que también interpreta a un yakuza en una película. Rikio se enamora de su coprotagonista, Kayo, pero lo que destaca en la comparación con Dean es la figura del fanático que lo persigue; Takeo, un admirador obsesionado hasta el punto de pedirle su ropa interior. Rikio es, sin duda, un retrato de James Dean, reflejando su constante alienación, como se aprecia en la siguiente cita (pido disculpas si la traducción no es completamente fiel, ya que la novela no cuenta con traducción al castellano al momento de escribir el presente ensayo): “El formato era siempre el mismo: solo, frente a un fondo blanco. Los cines cortaban mi cuerpo con una sierra y lo pegaban en láminas de madera contrachapada fuera de las salas. En los días de viento, no había nada peor que pasar por un cine en las afueras y verme tirado boca abajo en la acera” (Mishima, p. 62). —— Bajo esta cita podemos comparar el desinterés de Dean por su propia imagen pública. Es difícil imaginar a una estrella con ojeras o el cabello desaliñado. Como señala Mishima, “Dean no era un Adonis ni un Antinoo”. Su belleza —aunque era innegablemente atractivo—, residía en su indiferencia melancólica hacia la vida, como cuando dejó plantado a Warner, en el estreno de Al Este del Edén para viajar a Nueva York. —— Los fanáticos de Rikio nos recuerdan a nosotros mismos: James Dean no es un actor más para admirar. ¿Quién admiraría a un actor que solo protagonizó tres películas? No, James Dean es una religión, un culto que exige la más viva pasión, la misma que nos lleva a venerar a Mishima: la muerte en belleza. Mishima describe a Dean así: “Tenía una sensibilidad sobresaliente, un comportamiento casi místico, el equilibrio de una bestia juvenil retorciéndose de angustia, un cierto encogimiento de hombros, como si le dolieran los brazos, y una sonrisa oscura y juvenil. Si Chance no hubiera sido tan rápida, todo se habría desvanecido mucho antes, porque Dean era actor y estrella de cine, en una profesión implacable. ¿Realmente podríamos esperar que los años venideros le prometieran la maduración gradual de un artista despreocupado? La única certeza era que, con el tiempo, habría sido contaminado” (Mishima, p. 70). —— Nieve de primavera, la primera novela de El mar de la fertilidad, cierra con esta línea: “Dos días después de llegar a Tokio, Kiyoaki Matsugae moría a la edad de veinte años” (Mishima, p. 421). —— Es imposible comparar a Dean y Mishima sin mencionar a Kiyoaki Matsugae, (personaje similar al también icónico Cal Trask, protagonista de la novela Al Este del Edén, escrita por John Steinbeck, y que James Dean interpretó en la película homónima, siendo su primer papel en la gran pantalla) el protagonista de esta obra. Aunque Honda, su amigo, es el hilo conductor de la tetralogía, Kiyoaki es su corazón. La historia transcurre en el Japón posterior a la guerra ruso-japonesa, a finales de la década de 1910. Kiyoaki, un joven aristócrata hijo de un marqués, vive guiado por sus impulsos y sensibilidades. Nieve de primavera es, ante todo, una historia de amistad, pues la relación entre Kiyoaki y Honda es profundamente conmovedora y se extiende a lo largo de los cuatro libros. Honda, que recuerda a Kiyoaki hasta su vejez, es comparable a Bill Bast, amigo de Dean, quien le dedicó numerosos escritos póstumos. Sin embargo, es más pertinente destacar la historia de amor de Kiyoaki con Satoko, una mujer tres años mayor que él. A los 21 años, Satoko permanece soltera por su amor hacia Kiyoaki, quien inicialmente se muestra indiferente. Solo cuando descubre que su padre ha arreglado un matrimonio entre Satoko y el príncipe Toin, Kiyoaki despierta a la pasión. —— Esta relación de altibajos recuerda la que James Dean tuvo con Pier Angeli, de quien estaba profundamente enamorado, pero cuya relación terminó por la intervención de la madre de Angeli, que la llevó a casarse con el músico Vic Damone. Al igual que Kiyoaki, Dean comprendió demasiado tarde que había perdido a su amor, pero se resistía a dejarla ir. En la novela, Satoko es forzada a abortar el hijo que espera de Kiyoaki para preservar el honor de las familias Matsugae y Ayakura. Tras esta pérdida, Satoko ingresa a un convento budista, se rapa y jura castidad perpetua, negándose volver a ver a Kiyoaki. Este, desesperado por recuperarla, muere a los veinte años, no sin antes confesar a Honda: “Acabo de tener un sueño. La volveré a ver. Lo sé. Junto a las cascadas” (Mishima, p. 420). —— Kiyoaki Matsugae muere en belleza, con la piel aún pálida y libre de arrugas, con un alma sensible. Muere por amor, un sentimiento que encarna la nobleza. Lo hermoso debe morir joven, como Kiyoaki, que al concluir su adolescencia se sacrificó por una causa noble. Los actos de un joven bello carecen de la fealdad de los pensamientos atormentados de los hombres maduros. Así como James Dean, que conducía desenfrenadamente por California y encontró, sin buscarla, una muerte en flor que lo convirtió en leyenda. James Dean amaba El principito de Antoine de Saint-Exupéry, y esta cita resume su esencia: “Solo con el corazón se puede ver claramente, lo que es esencial es invisible a los ojos” (Saint-Exupéry, 2000, p. 87). —— Tanto Mishima como Dean, a través de sus vidas, y sobre todo sus muertes, nos enseñan que la belleza reside en el impulso guiado por los nobles instintos propios de la juventud, y que es imperante morir cuando más se disfruta de ellos, pues un viejo enfrenta las carencias. LA REBELDÍA DESAFÍA AL TIEMPO —— El joven bello debe seguir su corazón. En un mundo sin héroes, aquel que se rebela, guiado ciegamente por sus impulsos, es digno de un culto, como Yukio Mishima y James Dean. Referencias Bast, W. (2006). Surviving James Dean. Barricade Books. Dalton, D. (2001). James Dean: The Mutant King. Chicago Review Press. Mishima, Y. (2018). Star (S. Bett, Trans.). New Directions. Mishima, Y. (1969/1990). Spring Snow (M. Gallagher, Trans.). Vintage International. Saint-Exupéry, A. de. (2000). The Little Prince (R. Howard, Trans.). Harcourt. Wilde, O. (2003). The Picture of Dorian Gray. Penguin Classics. Mishima, Y. (2019, 29 de abril). Yukio Mishima on the beautiful death of James Dean: Novelists, however, should avoid dying young. Literary Hub. https://lithub.com/yukio-mishima-on-the-beautiful-death-of-james-dean/ Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. El actor estadounidense James Dean (Fairmount, Indiana, 1931-1955) inmortalizó su leyenda al morir una tarde en California mientras conducía su Porsche 550 Spyder, al que había bautizado como “Little Bastard” (pequeño bastardo). —— Oscar Wilde, en su novela El retrato de Dorian Gray, escribió: “A veces, sin embargo, una tragedia que posee elementos de belleza artística se cruza en nuestras vidas. Si esos elementos de belleza son reales, todo apela, simplemente, a nuestro sentido del efecto dramático. De repente, descubrimos que ya no somos los actores, sino los espectadores de la obra. O más bien, que somos ambas cosas” (Wilde, p. 89). —— La muerte de James Dean es, en muchos sentidos, más significativa que su vida y obra. Esos breves segundos de una muerte violenta lo elevaron no solo al estatus de leyenda, sino también al de un símbolo cuasi religioso. La violencia en su muerte representa, paradójicamente, una forma de belleza suprema. —— El accidente automovilístico, con su aura casi futurista, otorgó a Dean una eterna juventud. No perseguía la muerte, pero tampoco le temía; estaba dispuesto a coquetear con ella, y esa audacia encarna el esteticismo de la rebeldía. Los jóvenes de todas las generaciones se identifican con las sensibilidades de James Dean, un ícono religioso de la juventud. El culto a su muerte despierta los sentimientos más puros de la adolescencia: la rebeldía y el rechazo a lo establecido. Creer que la violencia es intrínsecamente maligna o que una muerte prematura es indeseable son síntomas de una mentalidad que carece de belleza. En la figura de James Dean, los jóvenes encuentran refugio, pues sus emociones, aunque simples, resuenan universalmente: la pureza moral, la amabilidad y una vida impregnada de fantasías. Es el amor adolescente que solo se siente en su máxima expresión cuando es bello, inspirando a vivir el presente con una intensidad emocional desbordante, despreocupándose del futuro, una inquietud reservada para las almas envejecidas. —— Dean mismo lo expresó: “Sueña como si vivieras para siempre. Vive como si murieras mañana” (Bast, p. 123). Esta filosofía de alienación constante dio origen a un culto formado por jóvenes de espíritu. —— Yukio Mishima, aborda la figura de Dean, comparándolo con Alejandro Magno, quien ordenó esculpir estatuas que lo representaran eternamente a los veintiún años, consciente de que su destino era morir joven y bello (habría sido un horror que Alejandro envejeciera y tuviera que contemplar, en su ocaso, el reflejo de lo que alguna vez fue.) El recuerdo, según Mishima, es un veneno silencioso pero letal para el espíritu. La nostalgia y la melancolía son enfermedades de los débiles y los que carecen de belleza. —— Oscar Wilde lo expresó con claridad: “La gente dice a veces que la belleza es solo superficial. Tal vez así sea. Pero, al menos, no es tan superficial como el pensamiento. Para mí, la belleza es la maravilla de las maravillas. Solo la gente muy superficial no juzga por las apariencias. El verdadero misterio del mundo está en lo visible, no en lo invisible” (Wilde, p. 24). —— Mishima escribió la novela Star mientras actuaba como yakuza en la película Afraid to Die (1960), interpretando un rol que evocaba al estilo de Alain Delon. La novela narra la vida de Rikio, un joven actor de 23 años, similar a la edad de Dean (24), que también interpreta a un yakuza en una película. Rikio se enamora de su coprotagonista, Kayo, pero lo que destaca en la comparación con Dean es la figura del fanático que lo persigue; Takeo, un admirador obsesionado hasta el punto de pedirle su ropa interior. Rikio es, sin duda, un retrato de James Dean, reflejando su constante alienación, como se aprecia en la siguiente cita (pido disculpas si la traducción no es completamente fiel, ya que la novela no cuenta con traducción al castellano al momento de escribir el presente ensayo): “El formato era siempre el mismo: solo, frente a un fondo blanco. Los cines cortaban mi cuerpo con una sierra y lo pegaban en láminas de madera contrachapada fuera de las salas. En los días de viento, no había nada peor que pasar por un cine en las afueras y verme tirado boca abajo en la acera” (Mishima, p. 62). —— Bajo esta cita podemos comparar el desinterés de Dean por su propia imagen pública. Es difícil imaginar a una estrella con ojeras o el cabello desaliñado. Como señala Mishima, “Dean no era un Adonis ni un Antinoo”. Su belleza —aunque era innegablemente atractivo—, residía en su indiferencia melancólica hacia la vida, como cuando dejó plantado a Warner, en el estreno de Al Este del Edén para viajar a Nueva York. —— Nieve de primavera, la primera novela de El mar de la fertilidad, cierra con esta línea: “Dos días después de llegar a Tokio, Kiyoaki Matsugae moría a la edad de veinte años” (Mishima, p. 421). —— Esta relación de altibajos recuerda la que James Dean tuvo con Pier Angeli, de quien estaba profundamente enamorado, pero cuya relación terminó por la intervención de la madre de Angeli, que la llevó a casarse con el músico Vic Damone. Al igual que Kiyoaki, Dean comprendió demasiado tarde que había perdido a su amor, pero se resistía a dejarla ir. En la novela, Satoko es forzada a abortar el hijo que espera de Kiyoaki para preservar el honor de las familias Matsugae y Ayakura. Tras esta pérdida, Satoko ingresa a un convento budista, se rapa y jura castidad perpetua, negándose volver a ver a Kiyoaki. Este, desesperado por recuperarla, muere a los veinte años, no sin antes confesar a Honda: “Acabo de tener un sueño. La volveré a ver. Lo sé. Junto a las cascadas” (Mishima, p. 420). Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. El actor estadounidense James Dean (Fairmount, Indiana, 1931-1955) inmortalizó su leyenda al morir una tarde en California mientras conducía su Porsche 550 Spyder, al que había bautizado como “Little Bastard” (pequeño bastardo). —— Oscar Wilde, en su novela El retrato de Dorian Gray, escribió: “A veces, sin embargo, una tragedia que posee elementos de belleza artística se cruza en nuestras vidas. Si esos elementos de belleza son reales, todo apela, simplemente, a nuestro sentido del efecto dramático. De repente, descubrimos que ya no somos los actores, sino los espectadores de la obra. O más bien, que somos ambas cosas” (Wilde, p. 89). —— La muerte de James Dean es, en muchos sentidos, más significativa que su vida y obra. Esos breves segundos de una muerte violenta lo elevaron no solo al estatus de leyenda, sino también al de un símbolo cuasi religioso. La violencia en su muerte representa, paradójicamente, una forma de belleza suprema. —— El accidente automovilístico, con su aura casi futurista, otorgó a Dean una eterna juventud. No perseguía la muerte, pero tampoco le temía; estaba dispuesto a coquetear con ella, y esa audacia encarna el esteticismo de la rebeldía. Los jóvenes de todas las generaciones se identifican con las sensibilidades de James Dean, un ícono religioso de la juventud. El culto a su muerte despierta los sentimientos más puros de la adolescencia: la rebeldía y el rechazo a lo establecido. Creer que la violencia es intrínsecamente maligna o que una muerte prematura es indeseable son síntomas de una mentalidad que carece de belleza. En la figura de James Dean, los jóvenes encuentran refugio, pues sus emociones, aunque simples, resuenan universalmente: la pureza moral, la amabilidad y una vida impregnada de fantasías. Es el amor adolescente que solo se siente en su máxima expresión cuando es bello, inspirando a vivir el presente con una intensidad emocional desbordante, despreocupándose del futuro, una inquietud reservada para las almas envejecidas. —— Dean mismo lo expresó: “Sueña como si vivieras para siempre. Vive como si murieras mañana” (Bast, p. 123). Esta filosofía de alienación constante dio origen a un culto formado por jóvenes de espíritu. —— Yukio Mishima, aborda la figura de Dean, comparándolo con Alejandro Magno, quien ordenó esculpir estatuas que lo representaran eternamente a los veintiún años, consciente de que su destino era morir joven y bello (habría sido un horror que Alejandro envejeciera y tuviera que contemplar, en su ocaso, el reflejo de lo que alguna vez fue.) El recuerdo, según Mishima, es un veneno silencioso pero letal para el espíritu. La nostalgia y la melancolía son enfermedades de los débiles y los que carecen de belleza. —— Oscar Wilde lo expresó con claridad: “La gente dice a veces que la belleza es solo superficial. Tal vez así sea. Pero, al menos, no es tan superficial como el pensamiento. Para mí, la belleza es la maravilla de las maravillas. Solo la gente muy superficial no juzga por las apariencias. El verdadero misterio del mundo está en lo visible, no en lo invisible” (Wilde, p. 24). —— Mishima escribió la novela Star mientras actuaba como yakuza en la película Afraid to Die (1960), interpretando un rol que evocaba al estilo de Alain Delon. La novela narra la vida de Rikio, un joven actor de 23 años, similar a la edad de Dean (24), que también interpreta a un yakuza en una película. Rikio se enamora de su coprotagonista, Kayo, pero lo que destaca en la comparación con Dean es la figura del fanático que lo persigue; Takeo, un admirador obsesionado hasta el punto de pedirle su ropa interior. Rikio es, sin duda, un retrato de James Dean, reflejando su constante alienación, como se aprecia en la siguiente cita (pido disculpas si la traducción no es completamente fiel, ya que la novela no cuenta con traducción al castellano al momento de escribir el presente ensayo): “El formato era siempre el mismo: solo, frente a un fondo blanco. Los cines cortaban mi cuerpo con una sierra y lo pegaban en láminas de madera contrachapada fuera de las salas. En los días de viento, no había nada peor que pasar por un cine en las afueras y verme tirado boca abajo en la acera” (Mishima, p. 62). —— Bajo esta cita podemos comparar el desinterés de Dean por su propia imagen pública. Es difícil imaginar a una estrella con ojeras o el cabello desaliñado. Como señala Mishima, “Dean no era un Adonis ni un Antinoo”. Su belleza —aunque era innegablemente atractivo—, residía en su indiferencia melancólica hacia la vida, como cuando dejó plantado a Warner, en el estreno de Al Este del Edén para viajar a Nueva York. —— Nieve de primavera, la primera novela de El mar de la fertilidad, cierra con esta línea: “Dos días después de llegar a Tokio, Kiyoaki Matsugae moría a la edad de veinte años” (Mishima, p. 421). —— Esta relación de altibajos recuerda la que James Dean tuvo con Pier Angeli, de quien estaba profundamente enamorado, pero cuya relación terminó por la intervención de la madre de Angeli, que la llevó a casarse con el músico Vic Damone. Al igual que Kiyoaki, Dean comprendió demasiado tarde que había perdido a su amor, pero se resistía a dejarla ir. En la novela, Satoko es forzada a abortar el hijo que espera de Kiyoaki para preservar el honor de las familias Matsugae y Ayakura. Tras esta pérdida, Satoko ingresa a un convento budista, se rapa y jura castidad perpetua, negándose volver a ver a Kiyoaki. Este, desesperado por recuperarla, muere a los veinte años, no sin antes confesar a Honda: “Acabo de tener un sueño. La volveré a ver. Lo sé. Junto a las cascadas” (Mishima, p. 420). Notas Notas Cómo citar Cruz Cañas, E. (2026). Yukio Mishima y James Dean: lo bello debería morir joven . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Cómo citar Apellido1 Apellido2, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF

  • La política exterior mexicana ante el genocidio en Gaza | Baormos

    Título íntegro Autor Leer en PDF ↙ La política exterior mexicana ante el genocidio en Gaza Cecilia Silva Ángel Leer en PDF ↙ Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Silva Ángel, C. (2026). La política exterior mexicana ante el genocidio en Gaza . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. La gente escribe cartas porque las necesita. La gente espera semanas y meses y, a veces, espera inútilmente. La carta se perdió en alguno de los puntos. El timbre no pagó la tarifa necesaria. La dirección estaba mal o la letra era ilegible o el destinatario se cambió de casa y no dejó sus señas. O hubo un naufragio, un incendio, un terremoto, una guerra o una sublevación. Que llegara la carta en tiempo y forma era un milagro. El correo, que ahora está en vías de extinción al sustituirlo por el correo electrónico, por el WhatsApp, por el teléfono, transportaba prodigios. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Apellido1 Apellido2, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • En onda | Baormos

    Título íntegro Autor Leer en PDF ↙ En onda Ramiro Rosales Cortés Leer en PDF ↙ Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 A José Agustín —— —Ya te dije que le hables —le repito por cuarta vez. —— —¿Para qué? ¿Para que me mande por un tubo? No muchas gracias, suficientes tonterías tengo para cargarme más —rezonga. —— —¿Cuál es el miedo? —cuestiono observando ya una obstinación excesiva, una necedad enferma. —¿Qué es lo peor que te puede decir? ¿Que no? Te buscas otra chavita y ya, listo. —— —No es tan sencillo como crees —bebe un trago: bacardí y soda. —— —Sí, lo es. Chavos más tontos que tú han salido con ella; no te menosprecies. Cuántas veces no lo he hecho yo con muchas chavitas, y mira: al mil, mi buen. —— —Tú eres tú, yo soy yo. Y soy… soy alguien que no vale la pena —cada vez noto más ese desprecio por él mismo, como un odio dentro de sí que no se decide a soltar. —— —¿Quién te dice eso? —— —Todos, prácticamente desde el día de mi nacimiento. Desde que tengo memoria, al menos. No he conocido a nadie que no piense así de mí: que no valgo ni un centavo —toma su bebida y se aleja de la multitud. Le miro extraño, lleva ya una semana en ese plan: saltándose clases para fumar yerbabuena frente a la preparatoria, llegando a su casa tarde completamente ebrio luego de una reunión tranquila en la que se afanó por descontrolarse, o despotricando cosa y media afuera de los salones de baile, negándose a interactuar con las chavitas como con los demás, a bailar rock and roll, comportándose como un necio, un viejo decrépito y remiso que, pareciera, no entiende qué onda con nuestra onda. Y no lo entiendo, antes no era así. —— La vida de Juan cambió drásticamente el veinticinco de octubre del año pasado. Su padre se separó de su madre. Fue algo que lo conmocionó mucho, demasiado tal vez. No estábamos acostumbrados a cosas así. Habíamos escuchado que el papá de fulanito o menganito engañaba a su esposa con alguna otra mujer, alguna secretaria jóven, algo por el estilo; o que tenía otra familia en algún barrio bajo de la ciudad, que se iba luego a viajes de trabajo y realmente visitaba a su esposa e hijos en algún otro estado de provincia. Pero que tuviese el viejo el descaro de abandonar a su mujer y a su hijo por otra, no era algo de todos los días, todos los meses o todos los años. —— Creo que muchos no estaban preparados aún para ello. Creían todavía en el amor romántico de los boleros de Agustín Lara. Que solamente una vez amarían en la vida, que esperarían con fervor bajo las luces del farolito a la bien amada asomarse por la ventana para darle un pedazo de su corazón. Algo por el estilo. Debieron entender, tal vez, que los tiempos estaban y están cambiando. —— Desde aquel día, Juan no fue el mismo. Adiós a las chamacas de secundaria, a andar con La Plaga, Pólvora o la Hiedra Venenosa. Nunca salía con nosotros, todo el tiempo encerrado en su habitación, escuchando a John Coltrane y Miles Davies en su tocadiscos, y leyendo a rusos y franceses viejos y muertos: desde un tal Dostoievsky a un tal Flaubert, y no sé qué tanta cosa y media. —— Y sí, lo entiendo. No es para nada sufrir una decepción así, lo sé. No tengo experiencia en el tema. Con trabajo mi familia está unida, todas las mañanas hay discusiones por culpa de alguno de los animales de mis hermanos, y es bien sabido por medio Distrito Federal que mi papá tiene a otra mujer en Hidalgo, pero para lo que me ha llegado a importar. Eso es nada. Soy chavo, caray, y tengo harta vida por delante. Años y años. Y si bien no soy un ignorante ni mucho menos, tampoco pienso quedarme en los tabicotes que cargan bajo su brazo los maestros o los acetatos de Los Panchos y Pedro Infante en la sala de estar. No, hay más. —— Somos chavos en onda, chavos que quieren vivir. No como nuestros padres, dándose de golpes en el hecho y persignándose al derecho y al revés y al revés y al derecho, ni pegado a la cocina ni al escritorio. Para nada. Es la edad de la rebeldía, del rock. De salir con los cuates en uno que otro coche prestado para sacar a las chavitas a bailar. De escuchar a todo volumen a los grandes entre los grandes: a los Beatles, los Rolling, los Doors, y hasta a los nacionales: a César Costa, Enrique Guzmán, Los Rebeldes del Rock, Los Locos del Ritmo, Alberto Vázquez y, total, hasta a Angélica María. Es la época en que se habla de los nuevos: de José, de Parme, de Sainz. Este es el grito de la juventud, una juventud que no se quedará de brazos cruzados, que cambiará todo lo que es México y el mundo, que revolucionará a la sociedad como nadie nunca la cambió. Es el tiempo de los chavos en onda. Pero Juan no parece entenderlo. —— Su mirada se fija en los coches que atraviesan Reforma a alta velocidad. Atraviesan la ciudad con sus faros resplandecientes, opacados por la efigie del Jaguar, el escudo Porsche o la V y W. —— Sus pies están bien clavados al suelo; fijos e inmóviles, lo hacen parecer una estatua. Sus dedos sostienen con fuerza el vaso con limonada mineral, que paladea con disgusto, tratando de ignorar el glenfiddich que le puso para calmarse un poco. —— Camina, juega con el pasto y sube la cabeza para mirar las estrellas, como si le fuesen a confesar algo, el secreto más oculto del universo. —— Llego por detrás, lo tomo del hombro, tratando de no arrugar más su ya arrugada camisa, disimulada por el suéter de lana. Y vocifero: —— —¿Ninguno de tus europeos a dos metros bajo tierra te enseñó cómo cotorrearle a una chava? —— —Claro que sí —ríe un poco. Me alegro. Es la primera vez en toda la noche que lo hace. Las arrugas de su rostro se vuelven como si quisiera reír. —De sobra tengo. —— —¿Quiénes? —le sigo el juego. —— —Kierkegaard, y su Diario de un seductor. Schopenhauer, y su Arte de tratar con las mujeres. —— —¿Y ninguno de cómo actuar cuando su padre está muerto y quieres acercarte en pleno servicio funerario? —— Su rostro cambia rápidamente de expresión. Está enojado. Entiendo por qué. Genuinamente, me he pasado. ¿Por qué soy tan idiota? —— —Disculpa, no era mi intención… —— —Freud. Dice algo sobre los complejos; el de Edipo y Electra. El hombre busca a su madre y la mujer a su padre en su pareja —responde con seriedad, aunque entiendo no está indignado, solo lo ha tomado por sorpresa tan desagradable comentario. —— —Algo es algo… —— —Sí, algo es algo… —— Ambos caemos en el silencio. Escuchamos el luto dentro de la casa con paredes de cristal. Volteo el rostro y miro a Paulina, siendo abrazada por sus amigos, sus familiares, tanta gente dándole su apoyo, consolándole, diciéndole que están a su disposición y que, si bien, no suplirán el papel de su padre que le faltará toda la vida, le darán lo que puedan y más, para hacer de esta carga menos pesada. Lo entiendo entonces. Ella es una persona diferente, de la alta clase mexicana, a la que solo conocemos por la misma escuela a la que vamos, la que con trabajos nuestros padres pueden pagar con su buen sueldo. No pertenecemos a aquí, pero lo intentamos, sea como sea lo intentamos. —— —Yo creo que ya me voy yendo. —— —¿Por qué? —— —Nada más. No tengo que estar más tiempo aquí. Se está haciendo tarde. —— Su respuesta es seca, cae como el agua sobre la ciudad en verano, inunda el alma como inunda a las calles, y es dolorosa, como el dolor de los días fríos arruinados por el agua desparramada entre las banquetas. —— Tira el contenido de su vaso al suelo. Da media vuelta. Camina. Lentamente entra en la casa de paredes de cristal. Avanza entre la multitud. Fija su vista en Paulina, y baja la mirada, como si de un perro perdido se tratase. Ella lo excusa, intenta no mirar su presencia. Él no dice nada, da media vuelta y, sin despedirse de alguien, se va. —— Sus pasos son largos, lentos. La tierra como si de un terremoto se tratase. Atraviesa la puerta de madera y se va. —— Yo espero. No sé qué espero, pero espero. Uno a uno todos se marchan. Poco a poco el lugar se queda solo. Dentro de la casa solo queda Paulina, su madre y su abuela. —— Entro a la casa. Mecánicamente entrego el pésame; aunque realmente no lo siento. Me retiro lentamente del lugar. Siento una pena honda en el corazón, como si estuviera vacío; como si nunca hubiese tenido uno y el día que finalmente me lo entregaran fuera un corazón totalmente vacío. —— Me voy del lugar. Paso a paso me voy del lugar. Me alejo lo más que puedo de la casa mientras el corazón sigue dando vueltas y vueltas. —— Trato de convencerme de lo que es y de lo que no es. Trato de convencerme de que estoy aquí por algo, de que todo significa algo. Trato de olvidarme por un momento de la belleza de las chamacas y lo pendejo que es Juan, pero también lo pendejo que soy yo: lleno de historias falsas y vacías, viviendo a la sombra de una mentira. Y me pregunto si así será mi vida entera: una mentira. Nada importa a estas alturas, supongo. Nada. Solo decir qué bonita que es Reforma. E intento convencerme de qué bonita que es la vida. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Rosales Cortés, R. (2026). En onda . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF —— Desde aquel día, Juan no fue el mismo. Adiós a las chamacas de secundaria, a andar con La Plaga, Pólvora o la Hiedra Venenosa. Nunca salía con nosotros, todo el tiempo encerrado en su habitación, escuchando a John Coltrane y Miles Davies en su tocadiscos, y leyendo a rusos y franceses viejos y muertos: desde un tal Dostoievsky a un tal Flaubert, y no sé qué tanta cosa y media. —— Y sí, lo entiendo. No es para nada sufrir una decepción así, lo sé. No tengo experiencia en el tema. Con trabajo mi familia está unida, todas las mañanas hay discusiones por culpa de alguno de los animales de mis hermanos, y es bien sabido por medio Distrito Federal que mi papá tiene a otra mujer en Hidalgo, pero para lo que me ha llegado a importar. Eso es nada. Soy chavo, caray, y tengo harta vida por delante. Años y años. Y si bien no soy un ignorante ni mucho menos, tampoco pienso quedarme en los tabicotes que cargan bajo su brazo los maestros o los acetatos de Los Panchos y Pedro Infante en la sala de estar. No, hay más. —— Somos chavos en onda, chavos que quieren vivir. No como nuestros padres, dándose de golpes en el hecho y persignándose al derecho y al revés y al revés y al derecho, ni pegado a la cocina ni al escritorio. Para nada. Es la edad de la rebeldía, del rock. De salir con los cuates en uno que otro coche prestado para sacar a las chavitas a bailar. De escuchar a todo volumen a los grandes entre los grandes: a los Beatles, los Rolling, los Doors, y hasta a los nacionales: a César Costa, Enrique Guzmán, Los Rebeldes del Rock, Los Locos del Ritmo, Alberto Vázquez y, total, hasta a Angélica María. Es la época en que se habla de los nuevos: de José, de Parme, de Sainz. Este es el grito de la juventud, una juventud que no se quedará de brazos cruzados, que cambiará todo lo que es México y el mundo, que revolucionará a la sociedad como nadie nunca la cambió. Es el tiempo de los chavos en onda. Pero Juan no parece entenderlo. —— Su mirada se fija en los coches que atraviesan Reforma a alta velocidad. Atraviesan la ciudad con sus faros resplandecientes, opacados por la efigie del Jaguar, el escudo Porsche o la V y W. Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. —— Desde aquel día, Juan no fue el mismo. Adiós a las chamacas de secundaria, a andar con La Plaga, Pólvora o la Hiedra Venenosa. Nunca salía con nosotros, todo el tiempo encerrado en su habitación, escuchando a John Coltrane y Miles Davies en su tocadiscos, y leyendo a rusos y franceses viejos y muertos: desde un tal Dostoievsky a un tal Flaubert, y no sé qué tanta cosa y media. —— Y sí, lo entiendo. No es para nada sufrir una decepción así, lo sé. No tengo experiencia en el tema. Con trabajo mi familia está unida, todas las mañanas hay discusiones por culpa de alguno de los animales de mis hermanos, y es bien sabido por medio Distrito Federal que mi papá tiene a otra mujer en Hidalgo, pero para lo que me ha llegado a importar. Eso es nada. Soy chavo, caray, y tengo harta vida por delante. Años y años. Y si bien no soy un ignorante ni mucho menos, tampoco pienso quedarme en los tabicotes que cargan bajo su brazo los maestros o los acetatos de Los Panchos y Pedro Infante en la sala de estar. No, hay más. —— Somos chavos en onda, chavos que quieren vivir. No como nuestros padres, dándose de golpes en el hecho y persignándose al derecho y al revés y al revés y al derecho, ni pegado a la cocina ni al escritorio. Para nada. Es la edad de la rebeldía, del rock. De salir con los cuates en uno que otro coche prestado para sacar a las chavitas a bailar. De escuchar a todo volumen a los grandes entre los grandes: a los Beatles, los Rolling, los Doors, y hasta a los nacionales: a César Costa, Enrique Guzmán, Los Rebeldes del Rock, Los Locos del Ritmo, Alberto Vázquez y, total, hasta a Angélica María. Es la época en que se habla de los nuevos: de José, de Parme, de Sainz. Este es el grito de la juventud, una juventud que no se quedará de brazos cruzados, que cambiará todo lo que es México y el mundo, que revolucionará a la sociedad como nadie nunca la cambió. Es el tiempo de los chavos en onda. Pero Juan no parece entenderlo. —— Su mirada se fija en los coches que atraviesan Reforma a alta velocidad. Atraviesan la ciudad con sus faros resplandecientes, opacados por la efigie del Jaguar, el escudo Porsche o la V y W. Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. —— Desde aquel día, Juan no fue el mismo. Adiós a las chamacas de secundaria, a andar con La Plaga, Pólvora o la Hiedra Venenosa. Nunca salía con nosotros, todo el tiempo encerrado en su habitación, escuchando a John Coltrane y Miles Davies en su tocadiscos, y leyendo a rusos y franceses viejos y muertos: desde un tal Dostoievsky a un tal Flaubert, y no sé qué tanta cosa y media. —— Y sí, lo entiendo. No es para nada sufrir una decepción así, lo sé. No tengo experiencia en el tema. Con trabajo mi familia está unida, todas las mañanas hay discusiones por culpa de alguno de los animales de mis hermanos, y es bien sabido por medio Distrito Federal que mi papá tiene a otra mujer en Hidalgo, pero para lo que me ha llegado a importar. Eso es nada. Soy chavo, caray, y tengo harta vida por delante. Años y años. Y si bien no soy un ignorante ni mucho menos, tampoco pienso quedarme en los tabicotes que cargan bajo su brazo los maestros o los acetatos de Los Panchos y Pedro Infante en la sala de estar. No, hay más. —— Somos chavos en onda, chavos que quieren vivir. No como nuestros padres, dándose de golpes en el hecho y persignándose al derecho y al revés y al revés y al derecho, ni pegado a la cocina ni al escritorio. Para nada. Es la edad de la rebeldía, del rock. De salir con los cuates en uno que otro coche prestado para sacar a las chavitas a bailar. De escuchar a todo volumen a los grandes entre los grandes: a los Beatles, los Rolling, los Doors, y hasta a los nacionales: a César Costa, Enrique Guzmán, Los Rebeldes del Rock, Los Locos del Ritmo, Alberto Vázquez y, total, hasta a Angélica María. Es la época en que se habla de los nuevos: de José, de Parme, de Sainz. Este es el grito de la juventud, una juventud que no se quedará de brazos cruzados, que cambiará todo lo que es México y el mundo, que revolucionará a la sociedad como nadie nunca la cambió. Es el tiempo de los chavos en onda. Pero Juan no parece entenderlo. —— Su mirada se fija en los coches que atraviesan Reforma a alta velocidad. Atraviesan la ciudad con sus faros resplandecientes, opacados por la efigie del Jaguar, el escudo Porsche o la V y W. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Apellido1 Apellido2, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • La cánida desaparición | Baormos

    Título íntegro Autor Leer en PDF ↙ La cánida desaparición José Santiago Macías Cabrera Leer en PDF ↙ Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 I Cuando un perro empieza a envejecer —————— generalmente ————————— pierde sus pelos y se va desvaneciendo ——— [poco a poco ——— hasta que nadie ——— se acuerda de él] Los dueños del perro se desprenden de su presencia Se deshacen de sus recipientes para el agua o las croquetas como queriendo aniquilar los años que pasaron juntos / o como diciendo pronto tendremos otro hijo y el perro va a olvidarse ——— de nosotros / Todo ocurre, ——— va pasando mientras el pollo se está descongelando y parece repetirse la cena del día anterior / II Pequeñas huellas que conducen al interior de la casa de madera / huesos y sobras enterradas en el jardín trasero / un ligero olor a polen / a perro mojado / se transpira y se filtra a través de los huecos de las ventanas / El corazón apachurrado / despacio / una manecilla que indica la hora o la imagen de una carretera en medio de la lluvia / Pelos de perro dispersos en el suelo como agujas / como sinónimos de tiempos mejores que ya pasaron / sueños de infancia e hijos que hablan, por ejemplo, en pretérito de cosas que nunca vivieron o la historia de sus padres contada desde otra voz impersonal / Los junto con la escoba pero no se quieren ir / Uno los pelos con saliva buscando reconstruir al perro / ——— Acudo a su recuerdo y un ladrido, como la voz de mi padre, se cuela en mi oído como diciendo aquí estoy / III Siempre quise mirar las cosas de otro modo pero nunca nada ha sido diferente / Todo es volátil & ——— fluye como un aroma a éter canino Puedo pensar en las razones suficientes / que tengo bajo la manga para ponerme a bañar ——— al perro / Pero hay días, también, en que todo falta / Días en que vivir se apesadumbra ——— y la vida se asemeja ——— a una croqueta esperando a ser ingerida por el hocico de algún perro / Y todo esto sucede mientras alguien está haciendo su tarea / Yo no soy / Si alguien deja un mensaje en este instante le diré que no puedo responder ahora, que estoy ocupado alimentando a mi perro / y masticando —————— algunas ————————— croquetas ———————————— con él. IV Un poco de pelusa blanquecina traza figuras helicoidales entre los tendederos / Trozos de carne a medio masticar y el pequeño cuerpo del animal echándose a perder sobre mis piernas / El perro sólo es presentimiento / Es ladrido exacto en el merodear nocturno —————— y mordida vertical en otras horas / Por fin termina todo. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Macías Cabrera, J. S. (2026). La cánida desaparición . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF I Cuando un perro empieza a envejecer —————— generalmente ————————— pierde sus pelos y se va desvaneciendo ——— [poco a poco ——— hasta que nadie ——— se acuerda de él] Los dueños del perro se desprenden de su presencia Se deshacen de sus recipientes para el agua o las croquetas como queriendo aniquilar los años que pasaron juntos / o como diciendo pronto tendremos otro hijo y el perro va a olvidarse ——— de nosotros / Todo ocurre, ——— va pasando mientras el pollo se está descongelando y parece repetirse la cena del día anterior / II Pequeñas huellas que conducen al interior de la casa de madera / huesos y sobras enterradas en el jardín trasero / un ligero olor a polen / a perro mojado / se transpira y se filtra a través de los huecos de las ventanas / El corazón apachurrado / despacio / una manecilla que indica la hora o la imagen de una carretera en medio de la lluvia / Pelos de perro dispersos en el suelo como agujas / como sinónimos de tiempos mejores que ya pasaron / sueños de infancia e hijos que hablan, por ejemplo, en pretérito de cosas que nunca vivieron o la historia de sus padres contada desde otra voz impersonal / Los junto con la escoba pero no se quieren ir / Uno los pelos con saliva buscando reconstruir al perro / ——— Acudo a su recuerdo y un ladrido, como la voz de mi padre, se cuela en mi oído como diciendo aquí estoy / III Siempre quise mirar las cosas de otro modo pero nunca nada ha sido diferente / Todo es volátil & ——— fluye como un aroma a éter canino Puedo pensar en las razones suficientes / que tengo bajo la manga para ponerme a bañar ——— al perro / Pero hay días, también, en que todo falta / Días en que vivir se apesadumbra ——— y la vida se asemeja ——— a una croqueta esperando a ser ingerida por el hocico de algún perro / Y todo esto sucede mientras alguien está haciendo su tarea / Yo no soy / Si alguien deja un mensaje en este instante le diré que no puedo responder ahora, que estoy ocupado alimentando a mi perro / y masticando —————— algunas ————————— croquetas ———————————— con él. IV Un poco de pelusa blanquecina traza figuras helicoidales entre los tendederos / Trozos de carne a medio masticar y el pequeño cuerpo del animal echándose a perder sobre mis piernas / El perro sólo es presentimiento / Es ladrido exacto en el merodear nocturno —————— y mordida vertical en otras horas / Por fin termina todo. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Apellido1 Apellido2, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • Estos sueños soñados despiertos | Baormos

    Título íntegro Autor Leer en PDF ↙ Estos sueños soñados despiertos Pavel Cabrera Morales Leer en PDF ↙ Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Cabrera Morales, P. (2026). Estos sueños soñados despiertos . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Apellido1 Apellido2, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • Donde la muerte no existe | Baormos

    Título íntegro Autor Leer en PDF ↙ Donde la muerte no existe Mateo Flores Rivera Leer en PDF ↙ Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Flores Rivera, M. (2026). Donde la muerte no existe . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Apellido1 Apellido2, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • El lenguaje jurídico: la barrera de la justicia en México | Baormos

    Título íntegro Autor Leer en PDF ↙ El lenguaje jurídico: la barrera de la justicia en México Alberto López Ángeles Leer en PDF ↙ Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar López Ángeles, A. (2026). El lenguaje jurídico: la barrera de la justicia en México . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. La gente escribe cartas porque las necesita. La gente espera semanas y meses y, a veces, espera inútilmente. La carta se perdió en alguno de los puntos. El timbre no pagó la tarifa necesaria. La dirección estaba mal o la letra era ilegible o el destinatario se cambió de casa y no dejó sus señas. O hubo un naufragio, un incendio, un terremoto, una guerra o una sublevación. Que llegara la carta en tiempo y forma era un milagro. El correo, que ahora está en vías de extinción al sustituirlo por el correo electrónico, por el WhatsApp, por el teléfono, transportaba prodigios. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Inserte texto completo. Aquí un fragmento de un texto al azar. Para los teólogos obtusos, los antropomorfismos de la Biblia son un escollo insalvable. Dios escucha, se pasea, se alegra, se le “hinchan las narices” (traducción literal del modismo hebreo que expresa el enojo) y, sobre todo, se compadece. Aunque la etimología siempre es una herramienta punzocortante que hay que utilizar con cuidado, en este caso puede hacer vislumbrar realidades profundas. La compasión y la misericordia (rajamim, en hebreo; rahmah, en árabe) derivan en todas las lenguas semíticas —vehículos privilegiados de revelación de la religión (concepto cuya etimología es “lo que nos vincula, lo que nos liga, lo que nos sujeta” )— de una realidad muy corpórea: el réjem en hebreo, el rahm en árabe, es decir, el útero en español. Allá donde Atenas y sus exegetas de Occidente hicieron reinar la “histeria” misógina (que desciende en línea recta de la hystéra griega, es decir, el útero), el Dios de la Biblia, y las gentes que pensaron a ese dios, fundamentaron en ese útero materno la raíz misma del amor divino y la expresión insoslayable de la razón de que el mundo mismo exista: el afecto (“Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” ). Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Inserte texto completo. Aquí un fragmento de un texto al azar. Para los teólogos obtusos, los antropomorfismos de la Biblia son un escollo insalvable. Dios escucha, se pasea, se alegra, se le “hinchan las narices” (traducción literal del modismo hebreo que expresa el enojo) y, sobre todo, se compadece. Aunque la etimología siempre es una herramienta punzocortante que hay que utilizar con cuidado, en este caso puede hacer vislumbrar realidades profundas. La compasión y la misericordia (rajamim, en hebreo; rahmah, en árabe) derivan en todas las lenguas semíticas —vehículos privilegiados de revelación de la religión (concepto cuya etimología es “lo que nos vincula, lo que nos liga, lo que nos sujeta” )— de una realidad muy corpórea: el réjem en hebreo, el rahm en árabe, es decir, el útero en español. Allá donde Atenas y sus exegetas de Occidente hicieron reinar la “histeria” misógina (que desciende en línea recta de la hystéra griega, es decir, el útero), el Dios de la Biblia, y las gentes que pensaron a ese dios, fundamentaron en ese útero materno la raíz misma del amor divino y la expresión insoslayable de la razón de que el mundo mismo exista: el afecto (“Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” ). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Apellido1 Apellido2, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • The Lamb as Effigy y la imposición de una lengua legítima | Baormos

    Título íntegro Autor Leer en PDF ↙ The Lamb as Effigy y la imposición de una lengua legítima Eric Fernando Peralta Neria Leer en PDF ↙ Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Peralta Neria, E. (2026). The Lamb as Effigy y la imposición de una lengua legítima . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Apellido1 Apellido2, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • Regalar la palabra también | Baormos

    Título íntegro Autor Leer en PDF ↙ Regalar la palabra también Jair Cruz Tenorio Leer en PDF ↙ Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Add paragraph text. Click “Edit Text” to update the font, size and more. To change and reuse text themes, go to Site Styles. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Cruz Tenorio, J. (2026). Regalar la palabra también . Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF En centurias anteriores, se usaba el lacre sellado para impedir que las cartas de personas importantes fueran abiertas por manos desautorizadas. En el siglo XX, en cambio, las cartas personales iban cerradas y engomadas porque estaban destinadas. Este tipo de epístolas establecían una relación afectiva, formaban un vínculo. Por su parte, las cartas comerciales son, incluso ahora, impersonales, mucho más llenas de fórmulas, pero van al grano. Económicas y directas, aunque también siguen la fórmula del nombre del destinatario a la cabeza. El receptor suele recibir un tratamiento peculiar: desde el primer renglón se le indica que es objeto de nuestro respeto y reconocimiento: Querida María, Estimado señor Pérez, Muy señor mío. Luego viene un párrafo protocolario de buenos deseos: Espero que te encuentres bien en compañía de tus seres queridos. Y apenas entonces empieza la carta. Una vez desarrollado el núcleo del mensaje, la misiva concluye con otra norma de rigor: la despedida, que en la jerga comercial acuña frases de increíble retórica: Sin más por el momento, le reitero las seguridades de mi más distinguida consideración. Mientras que las cartas personales contienen la expresión del deseo vivo de volver a ver a la persona, de volver a besarla, tocarla, sentirla. Y por último el remate: tuyo por siempre, Por mi raza hablará el espíritu o atentamente: firma. Después hay que tomar un sobre, lamer la goma, cerrarlo, escribir el remitente en la orilla superior izquierda y el destinatario en el centro. Luego llega el momento de pegar la estampilla (otra vez, lamerla antes), esa pequeñísima obra de arte encargada para celebrar descubrimientos, efemérides, momentos festivos, o conmemorar ocasiones funestas o personalidades de estadistas más o menos ego-centrados. Finalmente, se deposita la carta en el buzón o se lleva a la oficina de correos para certificarla y enviarla. Pero puede ocurrir cualquier cosa. La correspondencia se pierde con enorme facilidad. Una vez depositado en el buzón de correo, el frágil envoltorio de papel inicia un periplo. Puede tardar semanas o meses en llegar a su destino, depende del clima, de la situación geopolítica, de la efectividad de la burocracia, del estado de los caminos, de las piernas del cartero, del azar repetido en cada paso. La gente escribe cartas porque las necesita. La gente espera semanas y meses y, a veces, espera inútilmente. La carta se perdió en alguno de los puntos. El timbre no pagó la tarifa necesaria. La dirección estaba mal o la letra era ilegible o el destinatario se cambió de casa y no dejó sus señas. O hubo un naufragio, un incendio, un terremoto, una guerra o una sublevación. Que llegara la carta en tiempo y forma era un milagro. El correo, que ahora está en vías de extinción al sustituirlo por el correo electrónico, por el WhatsApp, por el teléfono, transportaba prodigios. En el siglo pasado, hubo profesionales de la escritura de cartas. Había manuales que incluían modelos para toda ocasión. Las misivas pueden ser sumamente informativas, o sólo expresar la inmensa nostalgia que nos produce una ausencia, o mantener la ficción de la familia entre personas separadas por las guerras, los exilios, las migraciones. En los manuales de cartas amorosas, hay ejemplos para iniciar, continuar, pausar o terminar con una relación de la manera más pacífica posible. El mensaje se escribía mediante recetas bien estudiadas que los profesionales conocían a la perfección. En la Ciudad de México, la gente que no sabía leer y escribir recurría a los evangelistas de Santo Domingo en busca de auxilio. Mediante las epístolas se concertaban matrimonios, se cerraban negocios, se determinaban destinos. La gente cuidaba con esmero el arte de escribir cartas y las guardaba. Mi abuelo conservaba en una carpeta la correspondencia recibida y las copias al carbón de las misivas que envió a España de manera regular durante todo el exilio y hasta la muerte de las personas correspondientes. No sé qué ocurrió con esas cartas. La mayoría se pierden en las mudanzas o por la firme voluntad de los deudos de hacer limpieza de los restos. Se pierden porque tienen un interés individual, particular, temporal y relativo. Además, porque la mayor parte de la gente que tuvo correspondencia durante el siglo pasado o los anteriores no necesariamente estaba pensando en la sobrevivencia de esos textos coyunturales, situacionales, de lenguajes cifrados, de contextos perdidos. La gente no tan común ni tan corriente, esto es, las personas que adquieren alguna celebridad intelectual, artística, política, histórica, si acaso conservan sus cartas, corren el riesgo de la intromisión indiscreta de quienes pretenden reconstruir sus vidas mediante la búsqueda y organización de sus archivos. De esa manera, nos enteramos a posteriori de cosas que quizá nadie quería que supiéramos: quejas, lamentos, infidelidades, reclamos, confabulaciones, mentiras, fraudes. Pequeñas tragedias que producen insomnio en quienes las protagonizan, aunque en realidad las vidas privadas que compartimos en las misivas son más bien planas e intrascendentes, llenas de detalles nimios que sólo adquieren interés cuando sus personajes se vuelven famosos. A veces las cartas de gente famosa se publican como parte de su obra intelectual o como testimonio de vidas tormentosas. Otras veces se resguardan en archivos y hace falta portar credenciales académicas para consultarlas. Las colecciones de misivas que se vuelven libros y están al alcance de todo público tienen interés en la medida en que tienden puentes entre ideas, permiten descifrar personalidades o simplemente están deliciosamente escritas (como las de Rosario Castellanos a Ricardo Guerra). Las que están conservadas en las bibliotecas requieren de la curiosidad de quienes pretenden reconstruir vidas más o menos enigmáticas en biografías más o menos autorizadas (como la imprescindible La reina de espadas de Jazmina Barrera sobre Elena Garro). Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Apellido1 Apellido2, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

  • Pellicer saluda al otoño | Baormos

    Título íntegro Autor Leer en PDF ↙ Pellicer saluda al otoño Francisco Pérez Sánchez Leer en PDF ↙ Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Ensayo Volumen 1: Número 1 Publicado: Noviembre 10, 2026 Poeta, profesor, director del Departamento de Bellas Artes, museógrafo e incluso senador: Carlos Pellicer era una eminencia. Nacido el 16 de enero de 1897, en Villahermosa, Tabasco, el poeta mexicano es uno de los mayores referentes de la poesía. Perteneció al grupo conocido como los Contemporáneos, donde se encontraban escritores como Enrique González Rojo, Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, José Gorostiza, y el famoso Salvador Novo. Todos reconocidos poetas de la literatura mexicana que marcaron un antes y un después; allí figuraba Carlos Pellicer. Su poesía incorporó parte del estilo mexicano y tuvo influencia colombiana al haber estudiado allá en su juventud. Finalmente, luego de una larga carrera en la vida política y literaria de México, falleció en la Ciudad de México en el año de 1977, a la edad de 80 años. —— Entre su vasta y prolífica obra, se encuentra Recinto y otras imágenes, un poemario publicado en 1941, que contiene el extraordinario poema Recinto, una oda al amor intenso y experimentado sin rencores, sus rimas recuerdan al romanticismo y posee una musicalidad y ritmos destacables que hacen su poesía bastante amena y disfrutable. Pero hoy hablaremos de las otras imágenes, pequeños poemas e incluso sonetos sobre la naturaleza, la espiritualidad y el tiempo. —— Es el caso de Sonetos de otoño, dedicados a su gran amigo, el arquitecto Luis Barragán. En este poema Pellicer saluda un otoño y le hace peticiones como quien reza a un santo, dibuja un paisaje otoñal algo nostálgico: “Todo un día de otoño bien oído, / tan silenciosamente contemplado, / tan misteriosamente comprendido”. A su vez el otoño es como rey coronado que “Reina el valle de México. Divino”, y se conjunta con el amor como algo perfecto. Pero este rey no trae luz, sino ausencia, pero es esa presencia de la ausencia la que nos mantiene conscientes de la vida y del paso del tiempo, es el descanso del corazón, frente a las batallas de otros tiempos. —— En estos días llegó el otoño, y con los versos eternos de Carlos Pellicer es mejor saludarlo. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Pérez Sánchez, F. (2026). Pellicer saluda al otoño. Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link Créditos de imagen C. e. a. Leer en PDF Poeta, profesor, director del Departamento de Bellas Artes, museógrafo e incluso senador: Carlos Pellicer era una eminencia. Nacido el 16 de enero de 1897, en Villahermosa, Tabasco, el poeta mexicano es uno de los mayores referentes de la poesía. Perteneció al grupo conocido como los Contemporáneos, donde se encontraban escritores como Enrique González Rojo, Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, José Gorostiza, y el famoso Salvador Novo. Todos reconocidos poetas de la literatura mexicana que marcaron un antes y un después; allí figuraba Carlos Pellicer. Su poesía incorporó parte del estilo mexicano y tuvo influencia colombiana al haber estudiado allá en su juventud. Finalmente, luego de una larga carrera en la vida política y literaria de México, falleció en la Ciudad de México en el año de 1977, a la edad de 80 años. —— Entre su vasta y prolífica obra, se encuentra Recinto y otras imágenes, un poemario publicado en 1941, que contiene el extraordinario poema Recinto, una oda al amor intenso y experimentado sin rencores, sus rimas recuerdan al romanticismo y posee una musicalidad y ritmos destacables que hacen su poesía bastante amena y disfrutable. Pero hoy hablaremos de las otras imágenes, pequeños poemas e incluso sonetos sobre la naturaleza, la espiritualidad y el tiempo. —— Es el caso de Sonetos de otoño, dedicados a su gran amigo, el arquitecto Luis Barragán. En este poema Pellicer saluda un otoño y le hace peticiones como quien reza a un santo, dibuja un paisaje otoñal algo nostálgico: “Todo un día de otoño bien oído, / tan silenciosamente contemplado, / tan misteriosamente comprendido”. A su vez el otoño es como rey coronado que “Reina el valle de México. Divino”, y se conjunta con el amor como algo perfecto. Pero este rey no trae luz, sino ausencia, pero es esa presencia de la ausencia la que nos mantiene conscientes de la vida y del paso del tiempo, es el descanso del corazón, frente a las batallas de otros tiempos. —— En estos días llegó el otoño, y con los versos eternos de Carlos Pellicer es mejor saludarlo. Referencias Referencias Notas Notas Cómo citar Apellido1 Apellido2, A. (Año). Título. Revista Baormos, volumen(número), página inicial-página final. Link Créditos de imagen 2024. Sin título. Leer en PDF

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