Sabor a victoria

Hay días en los que no llegamos ni siquiera al saludo o al cruce de miradas /
que son capaces de llevarme a ese mundo sereno, /
porque usted me parece esa realidad tan linda, con labios sabor a victoria /
capaces de convertir en humo estos restos de soledad en mi boca.
Quiero tomarle de la mano, quiero palparle la piel como si sólo tuviera un instante, /
quiero abandonar esta noche insegura y plagada de dolor en mi boca por tanto callarme /
que su letra parece ser del color del cielo y todas las calles tienen sus /
ojos. Quiero decirle que ya nada me importa, sólo su piel teñida de un oasis /
del que busco un insaciable trago.
Esta noche prefiero tener la valentía de ser honesta y reconocer que le miro como se le /
mira a un milagro al que se le espera a través de los pasillos de verdades a medias, /
porque ya lo considero tan parte de mí que todos los caminos acaban en su puerta y /
estas palabras no pueden expresar más que narcisismo.
Ya no le encuentro sentido a toda esta libertad si no tengo sus caricias, pues la sombra /
de todo lo que existe para mí le pertenece. Me es imposible encontrar un lugar en mi ser /
en el que no haya memorias de su cuerpo y la salvación que significa probar el /
sabor a victoria de esos poros suyos que parecen sufrir al tacto.
Sí, le mentí cada vez que lo miré a los ojos y negué que su paseo por la habitación /
lo vuelve en un laberinto en el que anhelo perderme para nunca encontrar salida, /
sólo deseo que en cada rincón del mismo me encuentre con un tropiezo que se parezca /
a usted, que parezca tener ese sabor a victoria.
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García, L. (2026). Sabor a victoria. Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link
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C. e. a.
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Sabor a victoria
Hay días en los que no llegamos ni siquiera al saludo o al cruce de miradas /
que son capaces de llevarme a ese mundo sereno, /
porque usted me parece esa realidad tan linda, con labios sabor a victoria /
capaces de convertir en humo estos restos de soledad en mi boca.
Quiero tomarle de la mano, quiero palparle la piel como si sólo tuviera un instante, /
quiero abandonar esta noche insegura y plagada de dolor en mi boca por tanto callarme /
que su letra parece ser del color del cielo y todas las calles tienen sus /
ojos. Quiero decirle que ya nada me importa, sólo su piel teñida de un oasis /
del que busco un insaciable trago.
Esta noche prefiero tener la valentía de ser honesta y reconocer que le miro como se le /
mira a un milagro al que se le espera a través de los pasillos de verdades a medias, /
porque ya lo considero tan parte de mí que todos los caminos acaban en su puerta y /
estas palabras no pueden expresar más que narcisismo.
Ya no le encuentro sentido a toda esta libertad si no tengo sus caricias, pues la sombra /
de todo lo que existe para mí le pertenece. Me es imposible encontrar un lugar en mi ser /
en el que no haya memorias de su cuerpo y la salvación que significa probar el /
sabor a victoria de esos poros suyos que parecen sufrir al tacto.
Sí, le mentí cada vez que lo miré a los ojos y negué que su paseo por la habitación /
lo vuelve en un laberinto en el que anhelo perderme para nunca encontrar salida, /
sólo deseo que en cada rincón del mismo me encuentre con un tropiezo que se parezca /
a usted, que parezca tener ese sabor a victoria.
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Cómo citar
García González, L. (2026). Sabor a victoria. Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link

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2024. Sin título.
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