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Cuando el afecto se diluye entre pixeles

Ensayo

Publicado: Mayo 26, 2026

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Desaparecer nunca había sido tan fácil. Antes el adiós requería de un coraje mínimo, o al menos del tiempo necesario para el olvido. Hoy, la evaporación se reduce a acciones simples; archivar un chat, silenciar una conversación, bloquear. Un par de toques y nos hemos borrado de la órbita de alguien. Esta inmediatez ha rediseñado por completo la arquitectura de nuestros vínculos. La ausencia ya no es la consecuencia dolorosa de una ruptura, sino una opción activa. No sabemos qué hacer con el silencio, porque el silencio ya no es natural sino es leído como rechazo.

——Esa facilidad de irse también ha redefinido el compromiso emocional. Si puedo desaparecer cuando algo me incomoda, ¿para qué sostener la incomodidad? Si puedo no contestar, ¿por qué afrontar la conversación? La inmediatez tecnológica eliminó la necesidad de elaborar los finales. Hemos aprendido a dosificar nuestra presencia como un bien escaso. Se nos vende como libertad, pero en la práctica, es una forma sutil y potente de control emocional. Nos hemos habituado a afectos que quedan en suspenso. Y en este proceso, la promesa de “estar” se ha vuelto frágil. Si todo puede terminar sin que palabra medie, ¿qué valor real tiene lo que nos atrevemos a decir?

——El silencio digital no es solo un vacío, es una respuesta que pesa. En un ecosistema donde la atención lo es todo, la indiferencia de no contestar se convierte en el mecanismo más sencillo de la deserción. No hace falta confrontar o debatir. Solo dejar que el otro interprete el final, o la falta de él. Quizá por ello muchos eligen este camino sin la incomodidad de un cierre formal. Pero esta aparente pulcritud deja rastros invisibles. No existe un protocolo de duelo para una conversación que simplemente se detuvo.

——Convertir la desaparición en una forma de autoprotección es también una tendencia. A veces no hay intención de dañar, solo un profundo cansancio o el miedo a la intimidad real. Pero el efecto final persiste: la ruptura unilateral de un lazo. Y en esta lógica tan instantánea, la posibilidad de irse se ha vuelto tan cotidiana que hemos olvidado la profundidad de la elección de quedarse. Tal vez lo que sentimos hoy no sea simple melancolía, sino un agotamiento más complejo, el de sostener vínculos que se diluyen en el mutismo mientras nos rodean presencias intermitentes.

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Cómo citar

Trejo, E. (2026). Cuando el afecto se diluye entre pixeles. Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link

Créditos de imagen

C. e. a.

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Cuando el afecto se diluye entre pixeles

Ensayo

Publicado: Mayo 26, 2026

Desaparecer nunca había sido tan fácil. Antes el adiós requería de un coraje mínimo, o al menos del tiempo necesario para el olvido. Hoy, la evaporación se reduce a acciones simples; archivar un chat, silenciar una conversación, bloquear. Un par de toques y nos hemos borrado de la órbita de alguien. Esta inmediatez ha rediseñado por completo la arquitectura de nuestros vínculos. La ausencia ya no es la consecuencia dolorosa de una ruptura, sino una opción activa. No sabemos qué hacer con el silencio, porque el silencio ya no es natural sino es leído como rechazo.

——Esa facilidad de irse también ha redefinido el compromiso emocional. Si puedo desaparecer cuando algo me incomoda, ¿para qué sostener la incomodidad? Si puedo no contestar, ¿por qué afrontar la conversación? La inmediatez tecnológica eliminó la necesidad de elaborar los finales. Hemos aprendido a dosificar nuestra presencia como un bien escaso. Se nos vende como libertad, pero en la práctica, es una forma sutil y potente de control emocional. Nos hemos habituado a afectos que quedan en suspenso. Y en este proceso, la promesa de “estar” se ha vuelto frágil. Si todo puede terminar sin que palabra medie, ¿qué valor real tiene lo que nos atrevemos a decir?

——El silencio digital no es solo un vacío, es una respuesta que pesa. En un ecosistema donde la atención lo es todo, la indiferencia de no contestar se convierte en el mecanismo más sencillo de la deserción. No hace falta confrontar o debatir. Solo dejar que el otro interprete el final, o la falta de él. Quizá por ello muchos eligen este camino sin la incomodidad de un cierre formal. Pero esta aparente pulcritud deja rastros invisibles. No existe un protocolo de duelo para una conversación que simplemente se detuvo.

——Convertir la desaparición en una forma de autoprotección es también una tendencia. A veces no hay intención de dañar, solo un profundo cansancio o el miedo a la intimidad real. Pero el efecto final persiste: la ruptura unilateral de un lazo. Y en esta lógica tan instantánea, la posibilidad de irse se ha vuelto tan cotidiana que hemos olvidado la profundidad de la elección de quedarse. Tal vez lo que sentimos hoy no sea simple melancolía, sino un agotamiento más complejo, el de sostener vínculos que se diluyen en el mutismo mientras nos rodean presencias intermitentes.

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Cómo citar

Trejo, E. (2026). Cuando el afecto se diluye entre pixeles. Revista Baormos, 1(1), página inicial-página final. Link

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2024. Sin título. 

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