Objeción denegada
Espacio donde el Derecho se desnuda de su solemnidad y vuelve a ser lo que siempre fue: un campo de disputas, de lenguaje y poder. Aquí se cuestiona la ley sin renunciar al método, se revisan los fallos que nos definen y se rastrean los silencios normativos donde el derecho calla —y, por tanto, permite.
Esta sección alberga textos que piensan el Derecho como fenómeno vivo, que interpretan su dimensión ética, política y social desde la escritura académica, pero también desde el ensayo, la crítica o la narrativa jurídica. “Objeción Denegada” no busca celebrar la jurisprudencia: busca leerla a contraluz, examinar sus grietas y proponer nuevos modos de entender la justicia en un mundo en mutación.
Cada contribución, sea una reflexión teórica o una lectura de coyuntura, parte de una certeza incómoda: que el Derecho no es una verdad cerrada, sino un discurso abierto al conflicto, a la interpretación y a la posibilidad de decir no.
por Alberto Hasán López Ángeles

El eco de lo desconocido
Amanda Mesa
001.08.25
por
Alberto Hasán
López Ángeles
Espacio donde el Derecho se desnuda de su solemnidad y vuelve a ser lo que siempre fue: un campo de disputas, de lenguaje y poder. Aquí se cuestiona la ley sin renunciar al método, se revisan los fallos que nos definen y se rastrean los silencios normativos donde el derecho calla —y, por tanto, permite.
Esta sección alberga textos que piensan el Derecho como fenómeno vivo, que interpretan su dimensión ética, política y social desde la escritura académica, pero también desde el ensayo, la crítica o la narrativa jurídica. “Objeción Denegada” no busca celebrar la jurisprudencia: busca leerla a contraluz, examinar sus grietas y proponer nuevos modos de entender la justicia en un mundo en mutación.
Cada contribución, sea una reflexión teórica o una lectura de coyuntura, parte de una certeza incómoda: que el Derecho no es una verdad cerrada, sino un discurso abierto al conflicto, a la interpretación y a la posibilidad de decir no.
Objeción denegada
“A veces, sin embargo, una tragedia que posee elementos de belleza artística se cruza en nuestras vidas. Si esos elementos de belleza son reales, todo apela, simplemente, a nuestro sentido del efecto dramático. De repente, descubrimos que ya no somos los actores, sino los espectadores de la obra. O más bien, que somos ambas cosas” (Wilde, p. 89).“A veces, sin embargo, una tragedia que posee elementos de belleza artística se cruza en nuestras vidas. Si esos elementos de belleza son reales, todo apela, simplemente, a nuestro sentido del efecto dramático. De repente, descubrimos que ya no somos los actores, sino los espectadores de la obra. O más bien, que somos ambas cosas” (Wilde, p. 89).“A veces, sin embargo, una tragedia que posee elementos de belleza artística se cruza en nuestras vidas. Si esos elementos de belleza son reales, todo apela, simplemente, a nuestro sentido del efecto dramático. De repente, descubrimos que ya no somos los actores, sino los espectadores de la obra. O más bien, que somos ambas cosas” (Wilde, p. 89).
